OPINION INTERNACIONAL

ENCUENTRO CON OLIVIO DUTRA

En aquel momento tuve la intuición de que se estaba gestando un importante cambio en la vida política brasileña, con el PT como protagonista, y así lo hice constar en notas periodísticas. Al año siguiente, dicho partido tuvo la iniciativa de la creación del Foro de Sâo Paulo, que ha persistido a lo largo de casi dos décadas como un centro de reunión, intercambio de experiencias y mutua solidaridad entre los partidos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe. El PT y el Frente Amplio mantuvieron a lo largo de estos años trayectorias en cierto modo paralelas, llegando en ambos casos a alcanzar la presidencia de la República, una sólida base parlamentaria y la dirección de gobiernos municipales y locales, para desde allí perfilar una política a favor de los sectores populares. Hoy ambos partidos enfrentan la perspectiva de la renovación de sus mandatos, que está en manos del pueblo soberano. Y sobre esa base se ha profundizado una amistad fraternal entre ambos partidos, que se traslada a las relaciones entre sus dirigentes. Ese fue el trasfondo de la visita a nuestro país de Olivio Dutra, un líder de primera fila del PT, que además de prefeito de Porto Alegre, la ciudad donde se realizaron las primeras y augurales reuniones del Foro Social Mundial, desempeñó también en un período posterior la gobernación de Río Grande do Sul (que ahora el PT tratará de reconquistar con la candidatura de Tarso Genro, actual ministro, y la conformación de una amplia alianza) y el Ministerio de Ciudades en el gabinete del presidente Lula.

Hoy es presidente del PT ­que está en un proceso de renovación de sus autoridades en todo el país­ en Río Grande do Sul. El domingo pasado se realizó el primer turno de las votaciones.

Durante la gestión de Olivio en la alcaldía de Porto Alegre se efectuaron las primeras y exitosas experiencias de aplicación del presupuesto participativo, que luego se extendieron a todo Brasil, en particular en las ciudades gobernadas o con participación del PT, y pasaron a ser un modelo analizado y en muchos casos adoptado en otros países, Uruguay incluido, y también en Europa.

Quizás en Porto Alegre es donde haya alcanzado sus máximas proyecciones, con activa participación no sólo de los organismos representativos sino del propio pueblo en su zona de residencia. Pudimos apreciar en vivo ejemplos significativos en esta materia.

Olivio dice que es «una semilla germinando».

Sus entrevistas con dirigentes del Frente, su candidato presidencial y varios ministros, sirvieron para afianzar y renovar estos vínculos ya tradicionales. Hay una base común: la política de ambos gobiernos en el combate a la miseria y la reducción de la pobreza, la inclusión social, la generación de empleos, la distribución de la renta, la descentralización. Se barajaron iniciativas de colaboración y complementariedad a nivel de los países y también en la esfera regional y local, entre el estado de Río Grande do Sul y los departamentos uruguayos fronterizos. Sobre esto hay buena experiencia, por ejemplo en el departamento de Rocha. Pero en todos los planos hay necesidad de actualizarlas y de superar obstáculos múltiples (y la burocracia no es el menor). Se examinaron en particular los temas de la interconexión eléctrica, de la energía, de la educación, el trabajo conjunto de las universidades con la posibilidad de acuerdos en ese sentido, la integración científica y tecnológica, el acuerdo complementario automotriz, el tema del agua, la construcción de represas y embalses, el cuidado de nuestras reservas comunes como el acuífero Guaraní y la laguna Merín. «En esos temas concretos debe expresarse la integración ­dijo Olivio­ y para la integración es muy importante la continuidad de los gobiernos de izquierda».

De la relación bilateral se pasó al plano continental y mundial. «El papel de Brasil, de Lula y del PT ­en opinión de nuestro visitante­ es promover la unidad y solidaridad entre los países de América del Sur para aportar, desde nuestro continente, a una correlación de fuerzas mundiales más equilibrada y menos injusta», lo que implica la proyección de la región en relaciones más intensas con Africa y con la India y «fortalecer la voz y la presencia de América del Sur en los organismos internacionales y en el concierto global».

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