El día que Reagan perdió la valija nuclear

Washington, ANSA

 

Documentos divulgados ayer en Estados Unidos sacaron a la luz el pánico que estalló en la Casa Blanca tras el atentado a Ronald Reagan en 1981: no podían hallar la «valija nuclear» y había submarinos rusos cerca de la costa.

En la tarde del 30 de marzo de 1981, mientras el entonces presidente Ronald Reagan era operado de urgencia por los proyectiles disparados por su agresor, John Hinckley, los colaboradores del mandatario se reunían en la «Situation Room» (Sala de Situación) para hacer frente a la crisis.

«El Pentágono había informado de una reunión de submarinos soviéticos a lo largo de la costa atlántica», reveló el ex consejero para la Seguridad Nacional Richard Allen, en un artículo escrito por la revista The Atlantic Monthly.

«Buscábamos comprender si el atentado fue un gesto aislado o el inicio de una agresión contra Estados Unidos», escribió Allen.

Una prioridad era rastrear la valija que contenía los códigos secretos indispensables para ordenar un eventual ataque nuclear contra Moscú.

El militar con la valija se hallaba en el hospital con Reagan quien, por sus condiciones de salud, no podía dar ninguna orden.

Una segunda valija poseía el entonces vicepresidente George Bush que llegaba en un vehículo militar a Washington proveniente de Texas.

«Una tercera y última valija nuclear estaba en un armario de la Casa Blanca, en la oficina de los attaché militares –evocó Allen, que grabó en una cinta algunas de las conversaciones dramáticas que tuvieron lugar en el Situation Room–, y dimos la orden de recuperarla lo más rápido posible».

La situación por el conflicto de poderes que surgió entre los colaboradores del presidente: el secretario de Estado, Alexander Haig, sostenía sin razón que estaba autorizado a asumir el control.

«La cadena de comando establecida por la Constitución prevé al presidente, vicepresidente y luego el secretario de Estado –había exclamado Haig–. En este momento, mientras esperamos la llegada del vicepresidente, soy el responsable de tomar las decisiones».

«Sabíamos que Allen se equivocaba pues antes que él estaban los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado –recordó Allen–, pero no era el caso de desencadenar un litigio en la ‘Situation Room'».

Empero, la tensión explotó cuando el secretario de Defensa, en ese entonces Caspar Weinberger, anunció que ordenó a las tripulaciones de los bombarderos nucleares norteamericanos estar listos para partir.

«Acabo de anunciar a los medios de prensa que no extendimos el estado de alerta, me haces pasar por un mentiroso», protestó Haig.

«Ninguno te autorizó a hablar con la prensa –replicó el secretario de Defensa–, y te aclaro que yo soy el responsable de la seguridad».

El altercado se prolongó hasta altas horas de ese día hasta que se supo que el atentado a Reagan fue un hecho aislado y que el presidente sobreviviría al atentado.

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