LULA EN LA CUMBRE DE LA FAO
Lula dijo que tiene una experiencia vital sobre el tema, porque forma parte de los millones de brasileños que abandonaron su región natal para escapar al hambre. La primera prioridad de su gobierno fue la erradicación del hambre. Millones de seres en su país fueron empujados fuera de los límites de la sociedad por un modelo de crecimiento concentrador de la riqueza, que reproducía la desigualdad. «Había que invertir esa lógica perversa», dice Lula. «Los millones de seres que antes no encontraban lugar en nuestra sociedad, hoy integran la nueva frontera económica, social y política, que está moldeando un nuevo Brasil: una nación más próspera, soberana y cada vez más democrática». Y eso exige voluntad política: «Fueron iniciativas políticas que permitieron a Brasil retirar 20 millones 400 mil personas de la pobreza y reducir en 62% la desnutrición infantil, quebrando el ciclo perverso que perpetúa la miseria y la desesperanza. Alcanzamos esos resultados creando una fuerte red de protección social articulada con políticas de estímulo a la agricultura familiar. Programas como la Bolsa Familia, principal instrumento del Programa Hambre Cero, que atienden a más de 50 millones de brasileños, garantizan que los alimentos lleguen, efectivamente, a la mesa de quienes más los necesitan. Además, estimulan la producción agrícola, promueven el desarrollo local y contribuyen a crear un vasto mercado de consumo popular. Nuestro mercado interno desempeñó un papel decisivo para que Brasil fuera uno de los últimos países en entrar en la reciente crisis y de los primeros en salir de ella. La agricultura familiar es parte integrante de esa estrategia, abarca el 70% de los alimentos producidos en el país, que representan el 10% del PBI. Son 4:300.000 familias que generan alimentos y biocombustibles de forma plenamente compatible y sustentable». Los recursos del Estado aplicados a la agricultura familiar se multiplicaron por 7. Se colocaron recursos en el BNDES para financiar la compra de tractores de hasta 78 HP para la agricultura familiar, y en 10 meses se vendieron 16 mil tractores. El 78% de su producción está vinculada a la agricultura familiar.
Esos resultados fueron posibles gracias a un nuevo impulso a la reforma agraria. De 2003 a 2009 fueron asentadas el equivalente al 60% de todas las familias hasta hoy beneficiadas por la reestructura del acceso a la tierra. El Programa de Adquisición de Alimentos destina productos de la agricultura familiar a los grupos vulnerables, y el Programa Nacional de Alimentación Escolar, que sirve diariamente 52 millones de comidas gratuitas a los alumnos de la enseñanza pública, está obligado a comprar a la agricultura familiar como mínimo el 30% de los alimentos que ofrece. A esto se une el programa Luz para Todos, que llevó energía eléctrica gratuitamente a 2:146 mil familias (unas 10 millones de personas) principalmente en la zonas rurales, de lo cual derivó la venta de millones de aparatos. Estos avances se complementaron con valiosas conquistas ambientales: reducción drástica de la deforestación, ampliación de las áreas boscosas protegidas, con todo lo cual, señaló Lula, «logramos alcanzar el primer objetivo de Desarrollo del Milenio bien antes del plazo establecido, y ahora trabajamos para la total erradicación del hambre en el Brasil».
De ahí se elevó al contexto internacional. Ante la crisis, causada por la especulación en escala gigantesca y la omisión de los Estados en la regulación y fiscalización del sistema, se gastaron centenares de miles de millones en dólares para salvar a los bancos quebrados. Pues bien: con menos de la mitad de esos recursos sería posible erradicar el hambre en el mundo. Sin embargo, el combate al hambre sigue al margen de la acción colectiva de los gobiernos. Los compromisos asumidos en varias reuniones internacionales no se han cumplido. Eso es lo que se trata de cambiar ahora, aunque hay pocas esperanzas.
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