OPINION INTERNACIONAL

LA FARSA ELECTORAL HONDUREÑA

Los cables informan que «la difícil solución a la crisis política en Honduras recibió una última estocada de la Corte Suprema de Justicia, que postergó una semana más su pronunciamiento sobre el asunto». La postergación llega hasta el día 18, en que debería dar su opinión al Congreso, que es el que en definitiva habrá de fijar su posición sobre la restitución de Zelaya. Pero acontece que tampoco el Congreso se reúne, porque la mayor parte de los diputados están abocados a la campaña por su reelección, ya que las elecciones son a la vez presidenciales y legislativas, además de comunales. En consecuencia, no se resolverá absolutamente nada y Zelaya no será restituido, incumpliéndose así el punto fundamental del acuerdo San José­Tegucigalpa, con lo cual una vez más Micheletti engañó a su pueblo y a la comunidad internacional. Esta situación parece a esta altura irreversible. La opinión pública hondureña considera que tanto el Congreso como la Suprema Corte forman parte del andamiaje golpista, o sea de la conspiración que culminó con el derrocamiento de Zelaya por parte de las Fuerzas Armadas el pasado 28 de junio. Con la elección de fin de mes estos sectores procuran legitimar el golpe de Estado, pero la comunidad internacional y la latinoamericana (quizá con alguna excepción) han declarado anticipadamente que no reconocerán a un régimen surgido de elecciones efectuadas bajo un régimen de facto, acorde con lo resuelto por la OEA y la ONU. Quedan en pie las candidaturas de Elvin Santos por el Partido Liberal y de Porfirio Pepe Lobo por el Partido Nacional.

Bertha Cáceres, directiva del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) ha denunciado que las elecciones se están organizando en condiciones de una sociedad militarizada, con un cerco mediático a favor de los candidatos golpistas, con participación de sectores fundamentalistas religiosos como el Opus Dei en la observación del proceso, con el imperio de la impunidad para los violadores de DDHH, el involucramiento del Tribunal Supremo Electoral en el golpe «y su participación en un fraude electoral que desde ya estamos denunciando». Agrega que el gobierno de facto ha suspendido proyectos y desviado recursos para programas sociales y para la solución de los conflictos agrarios, saqueando los fondos del ALBA, fortaleciendo los cuerpos represivos e invirtiendo grandes sumas en actividades de lobby para obtener el apoyo de políticos de EEUU. Señala que, por otro lado, está despertando la conciencia del pueblo y avizora que, en coordinación con el Frente Nacional de Resistencia (que actúa sobre todo en la capital) puede irse gestando un gran movimiento popular, acumulando fuerzas en torno a Carlos H. Reyes, previendo que las elecciones se van a enfrentar a un gran rechazo popular, porque a pesar del bombardeo mediático, el pueblo sabrá entender y decidir. «Este pueblo va a dar sorpresas y hay que tenerle fe, intensificando el trabajo para hacer patente este rechazo», concluye.

A última hora Micheletti y los golpistas, que cuentan con el respaldo de congresistas republicanos y de la mafia de Miami (los cuales reclaman el reconocimiento de las próximas elecciones, aunque no haya sido restituido Zelaya), recibieron el visto bueno de la Internacional Liberal, que agrupa a partidos de derecha, sobre todo, europeos. Su presidente, el holandés Johannes van Baalen, acaba de hacer una provocativa visita a Nicaragua, metiéndose en sus asuntos internos en contacto con las fuerzas de la derecha local, entre ellas el corrupto banquero Eduardo Montealegre. De ahí pasó a Honduras, le anunció a Micheletti que había sido designado (por él) como un vicepresidente de la Internacional Liberal, lo elogió por «su gran acción democrática» de derrocar al presidente Zelaya y de convocar a las elecciones del 29 de noviembre, anunció que su organización enviará observadores a la misma e instó a la comunidad internacional a reconocer sus resultados, en un visible intento de legalizar el golpe de Estado y al gobierno de facto. En estas manos está el pandero, a dos semanas de la farsa electoral.

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