Los talibanes del mercado
Por Niko Schvartz
El plan de los talibanes hizo cimbrar a Argentina. Un dirigente sindical comparó la vigencia del «golpe de mercado»
El fundamentalismo ideológico
La formidable protesta colectiva que se desencadenó apenas el todavía ministro de Economía dejó las pantallas y las ondas es el signo relevante de la situación en una Argentina removida hasta sus raíces. Ella era la garantía de que ese plan no se podría aplicar. Además, desde el principio rompió los ojos que estaba a años luz de concitar apoyo parlamentario. Otra gran enseñanza de los acontecimientos que mantienen en vilo al país y a la región es de índole ideolóagica, y se relaciona con el gran debate actual sobre el neoliberalismo y el pensamiento único.
López Murphy y sus asesores firmaron que no se podía hacer otra cosa, que no había ninguna otra opción. Aquí, el ex ministro de Economía Ignacio de Posadas dijo lo mismo. Y el principal integrante del gabinete económico, D. Artana, agregó que bastaría salir a la calle para percibir que el pueblo argentino, comprendiendo la crítica situación, daría un apoyo entusiasta al plan. Esto es lo que en psiquiatría se denomina esquizofrenia, caracterizada por la desinserción de la realidad. Cierta gente vive haciendo numeritos, buscando que las cuentas se acomoden a las exigencias del FMI (que, por cierto, dio sin tardanza su respaldo absoluto al plan), e ignora totalmente lo que le pasa al país y a su gente. Porque de inmediato Argentina entera entró en ebullición, y en todas las formas posibles e imaginables la sociedad, en la variedad de sus múltiples organizaciones, expresó un rechazo categórico, calificando el engendro como un golpe de Estado sin tanques, a pocos días del 25º aniversario del cuartelazo de Videla. Lo que sí salió a la calle fue otro cartel, firmado por Franja Morada, con la leyenda: Hannibal, que mostraba al ministro devorando estudiantes. Esa misma noche ya había facultades ocupadas, ayer se inició el paro de 48 horas de la educación, los cortes de rutas, las marchas y las protestas en las provincias y la convergencia de corrientes sindicales en Playa de Mayo.
El pensamiento único
Víctor Di Gennaro, de la CTA, dijo que era imprescindible construir una fuerza social para enfrentar el golpe de Estado de los sectores financieros, ya que la solución no podía venir de la aplicación de la misma receta que condujo al país a una situación dramática, a tres años de recesión y a una desocupación y subocupación linderas con el 30%. Agregó que las soluciones reales debían buscarse gravando los sectores de alta rentabilidad beneficiados por voluminosas concesiones (alta banca privada, firmas extranjeras que se apoderaron de estatales privatizadas y de servicios jubilatorios, hipermercadismo).
El plan que ha ido al bombo reunía las eternas medidas del FMI, calcadas con carbónico, contra salarios y jubilaciones, despidos de funcionarios estatales, recorte de los fondos sociales y de las aportaciones a las provincias. No había variaciones en este recetario uniforme, expresión del pensamiento único que el Fondo impone para asegurarse el cobro de sus préstamos a muy buen interés (y que es uno de los factores que acogota a la Argentina). Con la particularidad de que la fórmula única se prtendía aplicar en este caso en su máxima brutalidad, dejando el tendal, salvo para los grandes banqueros y los grandes evasores, sempiternos beneficiarios.
Guillotina a la educación pública
El plan apuntaba con particular saña contra las Universidades estatales y todo el sistema de educación pública. En esa esfera se generaron las mayores reacciones de protesta, para impedir que el plan pudiera ser aplicado en circunstancia alguna y para que las conquistas alcanzadas en el presupuesto educativo fueran preservadas. Mediante un recorte brutal en los presupuestos de 2001 y 2002 y despidos de docentes (que perciben salarios irrisorios), el plan procuraba esencialmente terminar con la gratuidad. El decano de Ciencias Sociales de la UBA declaró que «los nuevos cruzados del mercado castigan a los niños y a los jóvenes, a los docentes y al conjunto de la sociedad, destruyendo un sistema educativo público y universal que fue en nuestro país la locomotora de la integración social». Un dirigente de la Ctera señaló que «le quitan el respirador a la educación pública».
También en esta materia resalta el paralelismo con los talibanes de nuestro país.
El economista Jorge Caumont propuso el 14 ante la Asociación de Dirigentes de Marketing eliminar la Universidad gratuita, rebajar los salarios, exonerar funcionarios estatales, reducir el Parlamento a menos del tercio actual, criticándolo porque votó una partida para «una Universidad de la República clasista, no pluralista, llena de mediocres». Como se ve, no se inventa nada.
Del Plata al mundo
Por lo menos, en ambas orillas del Plata. Y tampoco en el mundo. Hoy la política neoliberal está en crisis en todo el planeta. Sus efectos desastrosos se exhiben por doquier. Veamos ejemplos. La privatización de los ferrocarriles fue una de las jugadas fuertes del thatcherismo. Ahora los accidentes fatales se suceden en el tráfico ferroviario en Gran Bretaña, con muchas víctimas mortales, como consecuencia del estado calamitoso de la red. Otro: suman millares los despidos en las grandes firmas transacionales. En EEUU, fueron 142 mil en enero y 101 mil en febrero, triplicando los índices del año pasado, en General Electric, Daimler Chrysler, Lucent Technologies, General Motors, Ford, Xerox, Motorola, etc. Otro más: la crisis de la energía eléctrica que afecta a California es consecuencia directa de su privatización.
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