Aniversario. En el antiguo paso fronterizo, uno de los primeros en abrir la noche del 9 de noviembre de 1989

Merkel, Walesa y Gorbachov cruzaron un punto simbólico del Muro de Berlín

Aclamada por una muchedumbre entusiasta que acudió a la cita a pesar de la llovizna y el frío, la canciller Angela Merkel cruzó por la tarde uno de los lugares simbólicos del Muro, el puente de la Bornholmer Strasse, en compañía del ex líder sindical polaco Lech Walesa y del último dirigente soviético, Mijail Gorbachov.

Este antiguo paso fronterizo, uno de los primeros en abrir la noche del 9 de noviembre de 1989, estaba decorado para la ocasión con grandes fotografías en blanco y negro sobre escenas de alborozo de entonces. «¡Somos el pueblo!», se oía de nuevo a voces, como en aquel histórico día.

«No es un día de fiesta sólo para Alemania, sino para toda Europa y para las personas que tienen más libertad, desde Rusia hasta muchas partes del mundo», dijo la canciller.

Y agradeció «de todo corazón» a Gorbachov que hubiera «dejado que las cosas pasaran, con valentía» en 1989, sin reprimir al pueblo de la República Democrática de Alemania (RDA), ni los movimientos reformistas en otros lugares.

Saludó asimismo «el increíble aliciente» del sindicato polaco Solidaridad, el primero en desafiar el yugo comunista, en 1980.

Las celebraciones comenzaron con un servicio religioso en la iglesia de Getsemani, símbolo de la disidencia de Berlín Este, en presencia de 700 personas.

Diplomáticos de toda Europa se dieron cita en Berlín el lunes para festejar los 20 años de la caída del Muro con los representantes de las potencias que ocuparon Alemania desde la derrota en 1945 hasta la reunificación en 1990, es decir Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña y Francia.

Los jefes de Estado y de gobierno, que aprovecharán para reunirse entre bastidores, acudirán por la noche junto a una muchedumbre estimada en 100.000 personas a la Puerta de Brandenburgo, símbolo de Berlín por donde pasaba el «Muro de la Vergüenza», construido en 1961 para impedir que los ciudadanos de la RDA huyeran al Oeste.

En Moscú, el primer ministro Vladimir Putin dijo que la caída del Muro fue «una fecha especial (…) sin duda para el mundo entero», que permitió a Alemania «tachar un pasado doloroso», pero significó para Rusia «comenzar de nuevo casi de cero, en condiciones muy difíciles».

La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, llamó a Europa y a Estados Unidos a hacer nuevos esfuerzos para «derribar los muros» de la intolerancia religiosa.

Merkel incitó, por su parte, a Washington a ceder terreno a las organizaciones internacionales para crear «un orden mundial» capaz de resolver los desafíos actuales, como el terrorismo.

La canciller, criada en la RDA y cuya carrera política empezó cuando cayó el Telón de Acero, recordó durante los últimos días que la caída del Muro la tomó por sorpresa: «Incluso en los años 80, nunca habría creído que el Muro caería estando yo viva».

En Francia, un comentario del presidente Nicolas Sarkozy en su página de Facebook sobre su presencia en Berlín el 9 de noviembre de 1989, donde «pudo dar unos golpes de pico» en el Muro, suscitaba dudas, retomadas por numerosas páginas web que resaltaban incoherencias.

Lech Walesa y el ex dirigente húngaro Miklos Nemeth harán caer por la noche la primera ficha de un dominó de 2,5 metros de alto, simbolizando ese muro del que sólo quedan algunos fragmentos en Berlín.

Nemeth autorizó a los alemanes del Este a cruzar la frontera austro-húngara, desatando un éxodo.

Conciertos al aire libre, fuegos artificiales y una cadena humana marcarán la velada mientras los invitados de Merkel acuden a una cena de gala en la cancillería.

El 9 de noviembre de 1989 el régimen comunista de la RDA, presionado por cientos de miles de manifestantes que pedían libertad, optó por dejar viajar libremente a sus ciudadanos al extranjero.

La muchedumbre se había reunido en los pasos fronterizos del Muro. Desbordados, los guardias levantaron las barreras y los alemanes del Este y del Oeste se fundieron en abrazos, mientras los primeros martillazos rompían el Muro.

 

Cómo cayó hace 20 años

El Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989 a causa de un anuncio, en parte improvisado, de un funcionario estealemán, Guenter Schabowski, que creyó que de esa manera podría salvar al régimen comunista de la República Democrática Alemana (RDA).

Eran la siete de la tarde del 9 de noviembre de 1989, cuando Schabowski, vocero del comité central del Partido Comunista estealemán (SED), anunció ante la prensa que se iban a otorgar visas «sin condiciones» para viajar o emigrar al extranjero.

«¿Cuándo?», preguntó un periodista italiano.

«Por lo que sé… a partir de ahora», respondió Schabowski, luego de dudar un momento y al parecer improvisando, frente a los canales de televisión que trasmitían sus declaraciones en directo.

Los corresponsales de prensa se precipitaron hacia los teléfonos para anunciar: «Cayó el Muro», mientras que los berlineses del Este abandonaban sus hogares para dirigirse a los puestos fronterizos, cuyos guardias desbordados terminaron por levantar las barreras.

«El 9 de noviembre podría haber terminado en un baño de sangre. Tuvimos mucha suerte», dijo Schabowski, que hoy tiene 80 años y recuerda que en aquel entonces era un comunista comprometido.

«No era un héroe que estaba abriendo la frontera, en realidad actuaba para tratar de salvar a la RDA. La apertura del muro no era humanitaria, sino una decisión táctica adoptada bajo la presión popular», recordó Schabowski.

«La existencia de la RDA estaba en juego. Entre 300 y 500 personas huían por día hacia el extranjero. Teníamos que hacer algo para recuperar la popularidad», recordó.

 

5.000 FUGAS Y 136 MUERTOS

El Muro de Berlín, construido a partir del 13 de agosto de 1961 y modernizado con el transcurso del tiempo, cayó a los 28 años, el 9 de noviembre de 1989, tras contabilizar 5.000 fugas y con un peso de 136 muertos en sus espaldas.

Medía 155 kilómetros de largo, de los que 43 kilómetros dividían en dos a Berlín, de Norte a Sur, y otros 112 aislaban el enclave de Berlín Oeste del territorio de la República Democrática de Alemania (RDA).

Todo lo largo del Muro, del lado oriental, era una «tierra de nadie» cuya profundidad oscilaba por partes entre lo ancho de una calle y 300 metros.

En más de 106 kilómetros de largo, el Muro estaba compuesto de placas de hormigón armado de 3,60 metros de alto emplazadas sobre un cilindro para evitar las escaladas. El resto eran alambradas metálicas.

Siete regimientos de 1.000 a 1.200 soldados cada uno vigilaban desde 302 atalayas y 20 búnkeres situados cerca del Muro, custodiado por patrullas a lo largo de 124 kilómetros.

Los miradores distaban entre 250 y 300 metros del centro de la ciudad y estaban conectados entre sí por un camino de ronda.

Por la noche, con un sistema de alumbrado cada 30 metros, el Muro era el lugar mejor iluminado de todo Berlín, mientras la parte Este de la ciudad permanecía a oscuras.

Para disuadir a los candidatos a las fugas e impedir el paso de vehículos, había 127 detectores o alarmas a lo largo de 259 senderos para perros adiestrados y 105 kilómetros de fosos.

La «franja de la muerte» estaba constituida por un terreno que era rastreado para detectar huellas de pisadas. En los últimos años se habían suprimido las instalaciones para tiros automáticos y doblado el muro con un nuevo recinto en el lado Este.

La demolición del Muro comenzó rápidamente después de la apertura de los primeros puestos fronterizos la noche del 9 de noviembre de 1989. Los aficionados a los souvenirs se llevaron a casa un recuerdo a golpe de pico.

Una parte del Muro fue subastada en Mónaco en junio de 1990, y con el paso de los años se regalaron otras.

Los otros 1.400 kilómetros de la frontera interalemana no estaban jalonados por un Muro como en Berlín pero contaban con un dispositivo sofisticado para desanimar a los fugitivos, con alamb
radas de espino o electrónicas, y minas.

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