OPINION INTERNACIONAL

HISTORIA DEL BLOQUEO A CUBA

A esta altura, ya 122 Países y 24 agencias de Naciones Unidas han elevado informes al secretario general Ban Ki-moon, reseñando las afectaciones que el bloqueo provoca sobre sus economías. El mismo se ha endurecido a lo largo de los años mediante la ley Torricelli, la ley Helms-Burton y el Plan Bush del anterior presidente (véase nuestra nota del domingo 25, «Poner fin al bloqueo a Cuba»). Las sanciones de carácter extraterritorial, una aberración jurídica y violatoria de la ley internacional, han venido afectando a países como Australia, Gran Bretaña (que no ha acompañado a Washington en las últimas votaciones en la Asamblea General), Brasil, Canadá, los Países Bajos, España, Suecia, Finlandia, Japón, México, Suiza, Noruega e Italia de manera directa, e indirectamente a otra veintena de naciones.

El bloqueo del imperio contra la recién amanecida revolución cubana se inició oficialmente el 7 de febrero de 1962, mediante la Proclama Presidencial 3.447 firmada por el presidente John F. Kennedy, quien habría de ser asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre del año siguiente. Pero las agresiones contra la isla habían comenzado antes, en rigor desde la promulgación de la ley de Reforma Agraria de mayo de 1959, Año I de la Revolución, que expropió tierras propiedad de norteamericanos. Y un año antes de poner en marcha el bloqueo, en abril de 1961, la Agencia Central de Inteligencia y dos mil mercenarios preparados militarmente, al sur de Miami, lanzaron la invasión de Bahía de Cochinos, o Playa Girón, con la finalidad de establecer una cabeza de playa para posibilitar la invasión armada de EEUU, y que el pueblo cubano hizo polvo en 72 horas, para proclamar luego el carácter socialista de la revolución. Fue en esa ocasión que Fidel Castro declaró que «soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida».

Las votaciones sobre este tema en la Asamblea General han marcado una progresión constante, y (como ya lo dijimos) es difícil que ningún otro tema haya concitado una casi unanimidad de esa magnitud en el seno del organismo internacional. En 1992 se registraron 59 votos a favor del levantamiento del bloqueo. En 2004 la cifra se elevó a 179 votos, que pasaron a 183 en 2006, a 184 en 2007 y a 185 votos en 2008, la última votación. Ya no hay prácticamente más margen para crecer. En la misma medida se ha acentuado el aislamiento de Estados Unidos. En la práctica, lo ha acompañado solamente Israel, que retribuye los favores que le hace Estados Unidos al no votar las condenas sucesivas de la ONU por la erección del muro, por la construcción de asentamientos y la ampliación de los existentes en territorios palestinos ocupados y en Jerusalén Este, y ahora en relación con el informe Goldstone sobre crímenes de guerra israelíes en la franja de Gaza en la ofensiva de diciembre 2008­enero 2009. Como decíamos, incluso Gran Bretaña negó su apoyo a EEUU, que fue respaldado, alternativamente, por Palau y las Islas Marshall. Parte del archipiélago de la Micronesia, Palau es hoy una gran base norteamericana, y la defensa está en manos de EEUU. Las islas Marshall son una «zona militar» de EEUU, que se encarga de la seguridad, la defensa y las relaciones exteriores, y fueron conocidas por las pruebas nucleares realizadas de 1946 a 1958 en los atolones de Bikini y Kwajalein, que las convirtieron en la zona de mayor contaminación radioactiva del planeta.

El tema del bloqueo a Cuba ha sido planteado también en otros ámbitos internacionales, tales como la Cumbre de las Américas y en la propia OEA, en todos los casos con un reclamo de levantamiento del bloqueo por votaciones abrumadoras.

Dice un estudio publicado en «Rebelión» que «no hay medida que los gobiernos de Estados Unidos ­demócratas o republicanos­ no hubiesen tomado para derrotar a la revolución cubana. Desde operaciones militares ­abiertas y encubiertas­ hasta económicas, comerciales y tecnológicas, pasando por las políticas y terroristas, el imperialismo ha agredido ininterrumpidamente durante medio siglo a un pueblo decidido a construir su propio destino». Y ello contrasta vivamente con la política solidaria de Cuba hacia otros pueblos, practicada con un sentido profundamente humanitario y que han mejorado sus condiciones de vida en aspectos esenciales como la educación y la salud, de lo cual tenemos muestras evidentes en nuestro propio país.

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