Macedonia y la ayuda del exterior
«Por el momento no es necesario pedir ayuda, pero si fuese necesario el gobierno podirá una ayuda militar extrajera directa», recalcó Antonio Milososki.
El portavoz dijo que Macedonia tiene «muchos amigos, no sólo entre sus vecinos, sino también en el seno de la ONU».
«La OTAN y la Fuerza multinacional de paz en Kosovo (KFOR) sólo tienen que continuar controlando la frontera norte (con Kosovo) como lo han hecho últimamente, lo que no era así antes», agregó Milososki. Las fuerzas gubernamentales macedonias prosiguieron este sábado por la tarde el bombardeo de posiciones rebeldes albanesas del UCK (Ejército de Liberación Nacional de albaneses de Macedonia) en las alturas que rodean la ciudad de Tetovo, comprobó la AFP.
Morteros y ametralladoras pesadas disparan desde los techos y calles del viejo barrio de Koltuk, adosado a las colinas, y al borde de la ruta que conduce a la frontera con Kosovo, situada a unos 25 kms.
Este es el cuarto día consecutivo de combates entre fuerzas gubernamentales y el UCK.
Las hostilidades empezaron el miércoles, al realizarse en la plaza principal de Tetovo una manifestación de apoyo al UCK. Los jóvenes kosovares, que siguen con atención el conflicto en la vecina Macedonia, dudan entre respaldar a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional Albanés (ELK) y el temor a ver de nuevo a toda la región devastada por una guerra.
Naser Sertolli, estudiante en la universidad de Pristina, afirma que muchos kosovares creen tener un «deber moral» con los albaneses de Macedonia.
«Durante la guerra (de Kosovo) estuve refugiado en Macedonia, con una familia albanesa, y pude ver que no tenían derechos», relata Naser.
«Hicieron mucho por nosotros, algunos incluso combatieron en Kosovo, así que ahora no podemos dejarlos en la estacada», señala otro estudiante, Gazmend, y añade que los guerrilleros del ELK llevan a cabo «una guerra justa».
Cuando se les pregunta por el uso de armas, ambos encogen los hombros y aseguran que «es el único medio de hacerse oír. Hace 10 años que son maltratados y nadie se interesó por Macedonia. Ahora, todo el mundo mira hacia allí», ironiza Gazmend.
Masar Stavileci, profesor universitario, insiste en que «nadie toma las armas por gusto. (…) El ELK quiere atraer la atención del mundo» hacia Macedonia.
Como los estudiantes, Stavileci también rechaza los calificativos de «terroristas» y «extremistas» que se aplican al ELK.
La acusaciones de Skopje de que Kosovo provocó la violencia les sorprende.
«Es falso. Hay kosovares que combaten en el ELK y yo mismo, si me lo piden, iré. Pero la guerra concierne a Macedonia, al interior de sus fronteras», insiste Naser, rechazando con una gran carcajada el sueño de una «Gran Albania».
«Veinte razones para respaldar al ELK en Macedonia», el mensaje que circula por el correo electrónico de los jóvenes kosovares, enumera las discriminaciones de las que son víctimas los albaneses de Macedonia.
Pero en ocasiones el discurso de solidaridad deja paso a la preocupación por una nueva explosión de la región balcánica.
«Es desolador», suspira Teuta, una joven periodista albanesa. «Todavía no hemos terminado de reconstruir Kosovo y todo va a estallar de nuevo. No comprendo nada y espero que lo que pase en Macedonia no tenga nada que ver con Kosovo», dice. A veces aparecen brechas en el muro de solidaridad. «A los albaneses a veces les falta espíritu crítico, no llegan a comprender que las cosas han cambiado y que la situación ya no es la misma que hace dos años», estima un joven que, sin embargo, simpatiza con la causa del ELK.
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