De la Rúa sin apoyo político
En cierto modo se cumple la profecía del ex jefe de la SIDE, Fernando de Santibáñez, que recomendó desde siempre, y ese fue uno de los motivos que llevó a Carlos Chacho Alvarez a abandonar su cargo, que se dejara de lado a radicales progresistas y frepasistas. Hay que gobernar con técnicos sostenidos por los grandes grupos económicos, proclamaba. Jamás pudo responder a la pregunta con que partido el presidente iría a las elecciones. El forcejeo de octubre dejó al banquero amigo de De la Rúa fuera del gobierno: él y lo que representa, más la avidez de poder de un entorno no representativo y amateur, han provocado una situación inédita: un mandatario sin apoyo de la coalición que lo llevó al poder y una Alianza que trata de imaginar recuperar espacios proclamando que no está rota ni en el Parlamento ni como instrumento electoral, un juego de imaginación difícil de entender.
Ricardo López Murphy sabía que su paquete económico no concitaría plafond político. Pero fue claro con el presidente y sus críticos: «No hay otro camino, no estoy dispuesto a modificar nada», que afectara el objetivo de juntar para este año dos mil millones de pesos y colocar al déficit dentro de los compromisos acordados con el FMI para el «blindaje», que se ha deteriorado en gran parte. Que la poda se haya cargado tanto sobre los dineros destinados a Educación dice lo contrario a lo prometido en las elecciones de octubre de 1999. Esto puede ser impugnado moralmente pero es uno de los aspectos del proyecto de la nueva coalición: el arancelamiento de las altas casas de estudio
El ministro no es un improvisado: se ha preparado años en el espacio más sofisticado de los economistas de la escuela de Chicago y ha conformado un «dream team» cuyos sostenedores financieros hace tiempo que querían verlos tomando las riendas de la economía. Esto quiere decir que los grupos económicos más concentrados que han aguardado a López Murphy como el Mesías no permitirán que sea lijado rápidamente por los políticos y sobre todo, por la convulsión social, inevitable por el contenido del paquete.
La antipolítica
Los líderes políticos escuchan desde hace tiempo que son ellos los responsables de la crisis, accionar que tiene sus usinas, tendientes a descargar de culpas a quienes crearon efectivamente la situación actual de desesperanza, sin miras de solución para revertir la recesión, dar trabajo y perspectiva a millones de personas sencillas. No es casual que dos personajes que vienen del campo más social que político, el padre Luis Farinello en la provincia de Buenos Aires y la diputada Elisa Carrió, surjan con una intención de voto significativa. La idea que se van dando las condiciones para «que surja un Chávez» (Hugo, por el coronel presidente de Venezuela) está en todos los análisis, aunque no se piense que pueda llegar de las Fuerzas Armadas. En las encuestas, los partidos políticos ocupan un lugar tan chato como los sindicatos y los empresarios: Iglesia, militares y periodismo van a la vanguardia.
El ministro de Economía tropezó con muchas dudas presidenciales y fue en su auxilio la cada vez más influyente ministra de Trabajo, Patricia Bullrich. Se atrevió a lo que pocos: reclamarle una definición para el hombre del grupo académico FIEL, el tanque de ideas del liberalismo ultraortodoxo. Fue el miércoles, día de fuertes controversias internas, que Fernando de la Rúa no atinaba a ponerle coto, excepto cuando por los medios se conoció la bronca de alguna frepasista, una manera de responderle al jefe de esa tendencia.
Hasta el jueves por la noche las discusiones no cesaron. El jefe del gabinete, Chrystian Colombo tuvo en Olivos un cruce verbal de una dureza poco frecuente con el gobernador de Chaco, Angel Rozas. «Están incendiando el país; el partido no lo avala», tronó frente al propio De la Rúa, que escuchó en silenció la admonición. No era cualquier voz: el chaqueño había hablado telefónicamente con el titular del radicalismo, Raúl Alfonsín, que está en Miami en casa de su hija.
Con la misma virulencia discutió el ministro de Educación, Hugo Juri, con el secretario de Hacienda, Daniel Artana, cuando éste le comunicó la poda del presupuesto para las universidades. «Artana parecía gozar con el anuncio», comentó el ex ministro que arrastró con su renuncia a la mayoría de los aliancistas.
Un nuevo protagonista: las masas
Hay algo novedoso: nunca como estos días los líderes políticos miran hacia la profundidad de la sociedad, a sus reacciones. Piensan en que es posible un «rodrigazo», aquella formidable demostración que en 1975 tiró a Celestino Rodrigo y su plan de ajuste y sacó del camino a su protector, José López Rega. Fue de la mano de Lorenzo Miguel, todopoderoso entonces, de una CGT con base en grandes centros fabriles que hoy no existen. Ahora estudiantes y docentes ocuparán las altas casa de estudio, los maestros inician una cabalgata de paros y manifestaciones, porque trasladarle a las provincias el pago del incentivo del que ayer, casi, se vanaglorió De la Rúa como una gran concesión del gobierno, es dejarlo en el limbo. Desocupados hasta agricultores harán de los caminos la gran fiesta de los piqueteros. Grandes industriales han dicho también que no a LM. «¿Podemos reprimir, es esa nuestra misión?, se oyó el fin de semana, casi como una letanía. Storani, referente del brazo estudiantil de la UCR, Franja Morada, no se vio, se lo dijo al presidente, desalojando facultades aquí y allá.
Storani intentó reducir el impacto del paquetazo. Acaso no entendió que LM proyecta privatizar gran parte de la enseñanza y que entonces no había espacio para los paliativos. El que encabeza un ala identificable en la UCR pensaba como el Frepaso no abandonar el gobierno para continuar desde dentro con el tironeo entre el proyecto neoliberal y el prometido por la Alianza. «Hay que mantener espacios», fue la orden que dio a los suyos, varios secretarios de Estado. Desde octubre, y pese al recauchutaje de las últimas semanas de la coalición, De la Rúa tenía pensado otra base de sustentación, idea frenada por la dimisión de José Luis Machinea. En un primer momento en el Frepaso iban a aguardar discutir con menos pasión cómo se posicionaban ante esta crisis con muchos finales abiertos. Fueron desbordados por la dureza del discurso de LM, la decisión de Federico Storani de dimitir para no tener que reprimir las protestas que se avecinan y por funcionarios de segunda línea que dejaron sus cargos en masa. Chacho en un principio pensó oportuno no contribuir a un rápido deterioro del equipo económico para evitar que desde el establishment culpen de la trepada del riesgo país a los políticos. O que se pierde la oportunidad de sanear la economía, restablecer el círculo virtuoso, comenzar el despegue por la mano invisible del mercado. El corazón del discurso del viernes: careció de toda propuesta productiva.
Fue como proclamar «todo el poder a los bancos». Pero como los DNU (decretos de necesidad y urgencia) requieren de la firma de los ministros, la negativa de varios de ellos precipitó todo. Ahora Alfonsín y Chacho definirán la futura estrategia.
Cavallo Radicales progresistas y frepasistas piensan que el equipo económico se caerá solo.
El propio LM sugirió en la Bolsa de Comercio la posibilidad de su transitoriedad: sin respaldo político, el paquete no puede consolidarse. O en todo caso, empujado por las protestas callejeras, la de los agricultores e industriales y que a partir de allí se inicie el verdadero debate sobre el futuro, el de la Alianza como se la conoce ahora, incluso. La visión parece influenciada por el determinismo histórico. Sin proyecto político, la espontaneid
ad de las movilizaciones sindicales y estudiantiles, de chacareros y desocupados, irremediablemente no dará razón a este sector del ¿oficialismo?
En los mentideros políticos se conversa sobre la irrupción de Domingo Cavallo como reemplazante de López Murphy si es devorado por falta de respaldo político y social. Al borde del abismo, el ex ministro puede ser aceptado por la UCR como ya lo es por Chacho, pero es condición previa restablecer la Alianza. Cavallo está en Santiago de Chile, en la importante reunión del Banco Interamericano de Desarrollo donde Argentina ocupará el espacio central. Regresará de lunes a miércoles y luego irá a España y Nueva York, para actividades tan prosaicas «como ganarme la pitanza con mis conferencias», hace decir por los suyos. . El 30 presentará su libro «La pasión de crear», su plataforma de lanzamiento. La posibilidad de Cavallo en el gobierno no es una novedad. Lo es, en cambio, que se converse sobre la posibilidad que Chacho ocupe la jefatura de gabinete, y que Alfonsín no lo rechazaría terminantemente con el argumento de que el presidente tiene todo su derecho a elegir a sus colaboradores, y el partido, la UCR, a recluirse en el Parlamento, para tener manos más libres si esa dupla no es acompañada por un buen plantel de radicales.
Carlos Menem ha conversado con De la Rúa sobre Cavallo pero con apoyo del menemismo. Un acuerdo con el ex presidente empuja a la calle al Frepaso, no solamente del gobierno y divide al radicalismo, que puede leer esa concordancia como signada por la impunidad, no sólo por la necesidad de remontar la crisis salvando intereses creados. Sería una nueva coalición con respaldo insuficiente de diputados nacionales y una porción de los senadores peronistas. Senadores como Carlos Corach o Eduardo Bauzá no creen en esa perspectiva. Tampoco Carlos Ruckauf. Al bonaerense se le atribuye una reflexión: que De la Rúa no controlará la situación y se marcha a una crisis institucional novedosa: no tendrá participación militar.
Sin vicepresidente, una eventual dimisión por soledad del jefe de Estado abriría el camino para adelantar las presidenciales. «Es la oportunidad para Ruckauf; si De la Rúa no supera la situación», comenta un ex ministro de Menem que estima que el bonaerense no tiene tiempo: su provincia entra en la misma enfermedad que la del gobierno nacional. En el peronismo la crisis institucional está en agenda, como que el lunes sigue al domingo.
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