Argentina: a nueve años del atentado a embajada israelí

Isidoro Gilbert – Argentina

Nueve años del atentado a la Embajada de Israel y nada. La investigación quedó en manos del más alto tribunal por tratarse de un caso en que está envuelta una representación extranjera y nunca fue rápida para el dolor de los familiares de las víctimas. Primero, por negligencia y nula voluntad política, y luego por dificultades lógicas del paso del tiempo y la falta de pruebas. Ahora la Corte llegó a la conclusión de que no existió una conexión local como ocurrió dos años después en el atentado a la AMIA. ¿Será así?

El grupo libanés por iraní, Hezbolá, señalado como responsable del ataque a la Embajada «actuaba sin delegar sus operaciones en contactos locales, sino directamente con grupos pro iraníes de apoyo a esa organización, que ingresaban al país y luego del ataque desaparecían», aseguró a Clarín una fuente de la investigación.

Tiempo atrás, en una resolución firmada por la mayoría de sus miembros, la Corte adjudicó el ataque al «grupo terrorista Jihad Islámica, brazo armado del Hezbolá», basándose en pruebas surgidas sobre todo de informes de Inteligencia extranjeros. Y pidió la captura internacional de un miembro de esa organización, el libanés Imad Mouyhine, a quien responsabilizó por el atentado, reforzando así la llamada «pista iraní». El tribunal concluyó también que la explosión se produjo en el exterior del edificio, por medio de un coche bomba después de haber abierto la posibilidad –apoyada por los resultados de una pericia– de que hubiera existido una implosión, una bomba puesta en el interior de la Embajada, o el estallido de un arsenal en el sótano del edificio, hipótesis que provocaron indignación. Los jueces viraron 180 grados por las fuertes presiones locales y de los gobiernos de Israel y los Estados Unidos para que la Corte reactivara en 1997 la causa, y la pusiera en manos del secretario de ese tribunal, Esteban Canevari. De esta forma, la investigación dejó de estar a cargo de los nueve jueces del tribunal, lo que en la práctica había significado estar a cargo de ninguno.

Pero Canevari no encontró indicios sobre una posible conexión local, a diferencia de lo que ocurrió con el ataque a la AMIA. Aparentemente los autores de la voladura de la Embajada se apoyaron en seguidores de la agrupación, la mayoría de ellos de origen libanés, asentados en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, y, particularmente, en la paraguaya Ciudad del Este. Ahora, con la colaboración de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), la Corte está tras los pasos de dos residentes de Ciudad del Este que habrían participado del ataque. La verdad, no es la primera vez que se dice eso. Canevari tuvo en cuenta declaraciones de dos expertos en terrorismo internacional. Uno, el norteamericano Bruce Hoffman, que sostuvo que «probablemente quienes han brindado un apoyo en Buenos Aires no conocían el hecho para el cual estaban prestando colaboración».

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