OPINION INTERNACIONAL

EL DIA DE LA RAZA

«Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana. Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas». (Fray Bartolomé de las Casas, «Brevísima relación de la destrucción de las Indias»).

En 1521 Hernán Cortés arrasó hasta los cimientos la mayor ciudad del continente, Tenochtitlán, capital del imperio azteca. Sus hombres asesinaron en un solo día, descuartizándolos después con la espada, a 8 mil personas en su Templo Mayor. En 1533 Francisco Pizarro destruyó el fabuloso Templo del Sol, en el Cuzco, corazón del imperio inca. Al inca Atahualpa le prometió la libertad a cambio de una habitación repleta de oro y dos de plata, y después de apoderarse de esa inmensa fortuna mandó matar al prisionero. En 1562 en Yucatán Diego de Landa convirtió en cenizas toda la literatura y la ciencia del pueblo maya, la civilización más avanzada del continente.

«América, recién nacida, con su vientre de oro, vino a constituir una fuente principalísima para el desarrollo de la burguesía. Los conquistadores gozaban de privilegio absoluto para el saqueo, y la gran afluencia de oro a Europa sirvió de base segura para asegurar la corrosión del régimen feudal, y a la vez, fomentar una acumulación originaria del capital que sería punto de partida del capitalismo (…) Se vivía bajo el signo de una nueva astrología. Oro hasta la demencia. Oro para vivir y oro para morir. Tal resuena el alarido rapaz, quemante, atronador. La consigna de Europa. Y América, recién nacida, es el continente, el vientre del oro, el símbolo, el río, el esclavo de oro. Su posesión es la posesión del oro». (Volodia Teitelboim, «El amanecer del capitalismo y la conquista de América»).

En los primeros 150 años de colonia llegaron a los puertos españoles desde las minas de América, según cifras oficiales, más de 185 mil kilos de oro y 35 millones de libras de plata pura. Jamás Europa había visto tanta riqueza junta: tres veces más que la guardada por aquel entonces en todos los bancos del viejo continente. Nunca en la historia de la humanidad se había acumulado tanto dinero en tan poco tiempo. Con este saqueo, Europa realizó el mayor robo de que se tenga noticia.

«El oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro; y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo y llega su poder a echar a las ánimas al paraíso» (Cristóbal Colón, carta a la reina Isabel, en «Relaciones y cartas», Biblioteca Clásica, Madrid).

«Mirad a vuestro alrededor; los papas, los reyes, los jueces, los magistrados, los amigos, los enemigos, los grandes y los pequeños, todos tienen un solo móvil: la sed del oro». (Erasmo de Rotterdam, «Elogio de la locura»).

«Rechazamos rotundamente la celebración del Quinto Centenario. Ratificamos nuestro proyecto político de autodeterminación y conquista de nuestra autonomía en el marco de los estados nacionales, bajo un nuevo orden popular. Exigimos respeto a nuestro derecho a la vida, a la tierra, a la libre organización y expresión de nuestra cultura. Consideramos vital la defensa y conservación de los recursos naturales que están en nuestros territorios, actualmente agredidos por las trasnacionales. Reconocemos el importante papel de la mujer indígena en la lucha de nuestros pueblos. Exigimos una educación bilingüe intercultural para la sociedad en conjunto. Rechazamos el pago de la deuda externa y exigimos indemnización por el genocidio, masacres y saqueos a nuestros pueblos. Apoyamos la realización de un Tribunal de los Pueblos para enjuiciar los 500 años de invasión. El 12 de octubre no debe ser más el Día de la Raza o del Descubrimiento, sino Día de Luto por la destrucción de nuestras culturas». (Declaración del Primer Encuentro Continental de Pueblos Indios. Quito, julio de 1990).

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