TRIUNFO DE BRASIL
Fuentes próximas al gobierno brasileño estiman que «la victoria de Brasil es la de todo el continente» y calculan en 14,4 mil millones de dólares el impacto económico por generación de empleos (120.833 en primera instancia) y aumento de la masa salarial, con efectos multiplicadores en la economía de todo el país, ya afectada positivamente por el desarrollo del Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC).
Fidel Castro escribió el 2 de octubre, el mismo día de la designación: «El triunfo de esa ciudad brasileña es una prueba de la creciente influencia de los países que luchan por su desarrollo. Con seguridad, en los pueblos de América Latina, África y Asia, la elección de Río de Janeiro será recibida con agrado en medio de la crisis económica y la incertidumbre actual con el cambio climático». Eso es lo que ha venido ocurriendo.
El tema se reavivó con la visita de Lula el fin de semana a Bélgica. El primer ministro belga Herman Van Rompuy declaró que «Brasil ha conformado su entrada en el pelotón del liderazgo mundial, ya está entre los grandes del planeta», pero fue más allá: alegó que «a Brasil, así como a otros países, se le debe atribuir un lugar en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU» y a la vez que «el peso de esta potencia emergente en las instituciones financieras se adecue con el papel que desempeña en la economía mundial». En su respuesta, Lula estableció que a contracorriente de la tendencia mundial, Brasil finalizará este año con una tasa positiva de crecimiento y en 2010 el PBI crecerá un 5%. También reclamó una rápida conclusión de la Ronda de Doha sobre comercio mundial, que está paralizada, y apuntó a la lucha contra el cambio climático, anunciando que en la conferencia de diciembre en Copenhague su país presentará cifras demostrativas de su contribución efectiva a la reducción de gases de efecto invernadero y estará en condiciones de exigir, particularmente a los países más ricos, metas de reducción de emisiones más claras y ambiciosas. Éste es el gran tema que preocupa a Fidel Castro, como vimos, y motiva la cumbre Unión Europea-Brasil que se abrió ayer en Estocolmo.
Estos problemas en debate, vitales para la suerte de la humanidad, se han proyectado también a los organismos financieros internacionales. En la reciente reunión de Pittsburgh quedó confirmado, en los hechos, que el G-8, que reunía a los 7 países más industrializados del mundo (EEUU, Canadá, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón) más Rusia, ha sido sustituido por el G-20, que incluye además a los 11 principales países emergentes: Brasil, India, China (que conforman el BRIC junto con Rusia), Argentina, México, Sudáfrica, Indonesia, Corea del Sur, Turquía, Australia, Arabia Saudita, así como a la Unión Europea, con España y Holanda como invitadas. En esa reunión se confirmó la decisión ya adoptada por el FMI y el Banco Mundial de aumentar la participación de los países emergentes, lo cual incluye un aumento en su porcentaje de votos en la toma de decisiones. El porcentaje es reducido; no obstante, según Lula, marca un rumbo que deberá ser profundizado. El domingo en la capital turca, Estambul, se reunió el Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC) del Fondo. Según AFP, «en la reunión del IMFC los 186 estados miembros del Fondo respaldaron el aumento de cuotas para los países emergentes en al menos 5%, como lo decidió el G-20 hace una semana en Pittsburgh». El ministro argentino de Economía, Amado Boudou, señaló que no habrá «un nuevo FMI» sin que los países emergentes tengan más voz y representatividad, y se sumó al pedido de Brasil de 7% de cuotas suplementarias para los países en desarrollo. Le estaba tomando la palabra al director-gerente del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, quien anunció que la reunión del organismo en Estambul marcará «el nacimiento de un nuevo Fondo».
Vivir para ver. De todos modos, es evidente que la mayor participación de los países emergentes en los temas globales es una tendencia irreversible. Y que, como dijo Lula después de Pittsburgh, «el mundo se encamina hacia un nuevo orden económico internacional». Véase adónde llegamos a partir de la asignación de Río de Janeiro para las Olimpíadas de 2016.
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