LA EMBAJADA BRASILEÑA BOMBARDEADA
El presidente Zelaya leyó la declaración, agradeció vivamente a los 5 miembros permanentes y a los 10 no permanentes del Consejo de Seguridad que por unanimidad aprobaron la declaración, y al gobierno de Brasil que promovió el tema en esa instancia, y reclamó que esa solidaridad se expresara en forma rápida, dado que la embajada está prácticamente cercada por el ejército y los golpistas siguen ejerciendo la brutal represión contra el pueblo que no cesa en sus manifestaciones. Ayer se reportaban no menos de 2 mil detenidos.
El padre Andrés Tamayo (un sacerdote fiel a sus convicciones éticas, que a diferencia de la actitud del arzobispo de Tegucigalpa milita incesantemente contra el golpe) documentó, con fotos, que los gases y venenos químicos contra la embajada se lanzan por tres vías: desde las casas vecinas (que han sido desalojadas y ocupadas por el ejército), mediante un camión cisterna del ejército y desde helicópteros, que no han dejado de sobrevolar la embajada y de atacar a los manifestantes. El mismo padre (con un pañuelo al cuello) y varios integrantes del movimiento de resistencia allí reunidos mostraban los efectos de los gases en los ojos, acusaban dolor intenso en la garganta, varios de ellos sangraban y experimentaban asfixia y mareos. Los mismos denunciaban que el ejército no dejaba pasar a las ambulancias de la Cruz Roja para socorrer a los heridos. Estos elementos se agregaban a los «cañones sónicos» (o «cañones de dolor» o «rayos de dolor») con que se bombardeó en días anteriores a la embajada, que además de producir dolor insoportable en los oídos y afectar el equilibrio y la estabilidad, dañaban e interferían las comunicaciones, o las cortaban. El propio Zelaya exhibió una serie de fotografías que mostraban cómo estos complejos aparatos con sus tubos eran instalados por los militares en los jardines y patios de las casas vecinas. De paso sea dicho, ayer mismo se denunció un operativo de militares disfrazados de civil contra la Red de Desarrollo Sostenible Honduras (RDS-HN) que, invocando a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones Conatel, vinieron a reclamar la red de usuarios de dicho servicio y amenazaron con silenciarlo.
El jueves Zelaya se reunió en la embajada brasileña con cuatro de los candidatos a las elecciones que habían sido fijadas para el 29 de noviembre. Los cuatro, que acompañaron el golpe de estado, propusieron que se restableciera el diálogo y la negociación en base al Pacto de San José. Zelaya les respondió que también iba a reunirse con los demás candidatos (los que rechazan el golpe) y que todos deberían concurrir en igualdad de condiciones. También recibió al arzobispo auxiliar de Tegucigalpa, Juan José Pineda, quien propuso que tanto Micheletti como él renunciaran y se nombrara otro presidente provisional hasta las elecciones. Zelaya respondió que ello equivalía a un golpe de estado después del otro, y que lo único innegociable era que el presidente electo por el pueblo reasumiera su cargo hasta el final del mandato. Y que las bases del diálogo estaban asentadas en un trípode: las resoluciones de la ONU y de la OEA y el Plan Arias. El presidente Lula, en momentos en que la actitud solidaria de Brasil ha sido reconocida en todo el mundo, declaró en Pittsburgh, donde asiste a la reunión del G-20: «Espero que quien dio el golpe salga del poder, que el presidente Zelaya vuelva a ejercerlo, se realicen las elecciones y retorne la normalidad a Honduras».
Cuando Zelaya realizaba su conferencia de prensa ayer, la resistencia lanzaba su marcha diaria desde la Universidad Pedagógica. El presidente la instó a desarrollarla en calma ya que «la palabra es la fuerza que tenemos para hacer valer nuestros derechos». Destacó, junto al padre Tamayo, que «los golpistas buscan aterrorizarnos, pero estamos dispuestos a resistir hasta restituir la democracia institucional en Honduras». Se anuncian varias gestiones de mediación (de Arias, de la OEA, hasta de Jimmy Carter) pero por ahora persiste la represión a sangre y fuego.
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