Represión. Dos muertos, más de 150 heridos y 300 detenidos

Zelaya dialoga con militares golpistas

«Con algunos policías y militares hemos estado hablando para buscar una salida a la crisis», dijo Zelaya a la AFP.

Militares y policías rodearon al amanecer de ayer la legación brasileña, donde Zelaya se refugió tras regresar en secreto al país el lunes, y obligaron a retirarse a miles de manifestantes ­tras una dura represión con heridos y detenidos­ que habían pasado toda la noche frente al edificio en apoyo al mandatario depuesto.

Los uniformados, muchos con sus rostros cubiertos con gorros pasamontañas, lanzaron gases lacrimógenos y golpearon con palos a unos 4.000 manifestantes para obligarlos a irse de la zona de la embajada, mientras regía en el país un toque de queda impuesto por el régimen de facto, que anunció que se prolongará.

«Hay muchos golpeados y cuatro heridos de bala fueron llevados al Hospital Escuela, estamos dispersos en varias calles cercanas a la embajada», dijo Juan Barahona, dirigente del Frente de Resistencia contra el Golpe. Sin embargo, fuentes periodísticas aseguran que son más de 150 los heridos por la represión y dos de ellos fueron muertos. Grupos de DDHH denunciaro n los decesos. Bertha Cáceres, integrante del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indigenas (Copinh) informó a Telesur los acontecimietos.

Los detenidos llegan a trescientos, mientras la embajada de Brasil en Tegucigalpa sigue sin luz ni agua. El presidente de facto, Micheletti, aseguró en conferencia de prensa que no ingresaría por la fuerza al predio ocupado por la diplomacia brasileña.

Los militares colocaron altavoces y comenzaron a tocar en forma estridente el himno nacional de Honduras, siguiendo el ejemplo de las tropas estadounidenses en Panamá para hostigar al ex dictador Manuel Antonio Noriega, después de que se refugiara en la Nunciatura Apostólica tras la invasión de 1989. «Yo pienso que hay que buscar un acercamiento directo (para) que ese acercamiento logre la paz. Luchar por los pobres nunca debe ser un delito, luchar por restablecer la democracia no debe ser un delito», expresó Zelaya, derrocado y expulsado de Honduras tras el golpe de Estado del 28 de junio. Zelaya afirmó que el presidente de facto Roberto Micheletti impuso el toque de queda de 26 horas y cerró los aeropuertos para «aislar más a Honduras» con el fin de impedir la llegada de misiones internacionales en busca de una salida negociada a la crisis.

«Están varando la circulación de aviones y en los aeropuertos internacionales para evitar que vengan las misiones internacionales», dijo Zelaya, quien fue depuesto y enviado al exilio por militares el 28 de junio. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió ayer martes al gobierno de facto en Honduras aceptar una solución «negociada y democrática» que permita el regreso de Zelaya al poder. «Lo normal que debería suceder es que los golpistas deberían dar un lugar a quien tiene derecho de estar en ese lugar, que es el presidente democráticamente electo por el pueblo», dijo Lula en Nueva York. La Embajada de Brasil en Tegucigalpa tuvo la electricidad, agua y teléfono cortados y pidió apoyo a delegación estadounidense, informó la Cancillería en Brasilia. «La Embajada tuvo luz, agua y teléfono cortados», explicó un portavoz de la cancillería brasileña a la AFP. Desde Washington se informó que Estados Unidos está ayudando a la delegación brasileña.Otros países también han pedido una salida negociada a la crisis, pero Micheletti ha adoptado una postura más dura tras el retorno de Zelaya.

Tras el regreso sorpresivo de Zelaya, Micheletti dio por terminada la mediación del presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, y ordenó mantener cerrados este martes los aeropuertos internacionales del país.

Las fronteras terrestres de Honduras también están cerradas en la práctica, debido al toque de queda. «Lo de él (Arias) ya terminó», dijo Micheletti el lunes en la noche. Además, Micheletti fustigó a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien dijo el lunes que «ahora que el presidente Zelaya volvió, sería oportuno devolverle su puesto» y «devolver a Honduras el orden democrático y constitucional».

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