LA MUSICA DE LA PAZ SIN FRONTERAS
Presenciamos así uno de los acontecimientos más relevantes de estos tiempos, en favor de la paz amenazada, de la normalización de las relaciones entre Cuba y EEUU, de la amistad y fraternidad entre los pueblos por encima de las fronteras, de la unión de la gente de buena voluntad. Al mismo tiempo fue una victoria contra el macarthismo desenfrenado. La magia de la música operó ese milagro. El cronista de El País de Madrid reportó: «La plaza, desbordada hasta los jardines del Palacio de la Revolución, tembló cuando a media tarde empezó el ritmo violento de Juanes. ‘Es tiempo de cambiar el odio por amor’, dijo. Y aquello se vino abajo. Se palpaba la energía y la emoción».
El aclamado cantautor colombiano, que concita una adhesión generalizada en los países de la región, debió enfrentar, a lo largo de varios meses, una campaña concentrada de parte de las fuerzas más retrógradas, sobre todo del exilio (anti)cubano en Miami, en contra de su participación en este concierto en Cuba. Lo hizo con entereza y dignidad ejemplares, reconocida y valorada por los cubanos. Es lo que trasuntaba su actuación en escena, como solista (al promediar el concierto) o acompañando a los demás artistas: Olga Tañón de Puerto Rico, que abrió la fiesta e hizo bailar con sus merengues boricuas, los españoles Luis Eduardo Aute, Miguel Bosé y Víctor Manuel, el italiano Giobannoti, los cubano-venezolanos de Yerba Buena, los isleños Silvio Rodríguez, X Alfonso, los Orishas, Carlos Varela, Fernando Velazco, Amaury Pérez, Dany Rivera (perdón si incurro en algún olvido). Juanes dijo al cerrar el acto: «Paz para todos. Que se comiencen a romper las barreras. Que haya una sola familia cubana». Y después, en declaraciones de prensa: «Para nosotros, haber visto más de un millón de personas en la Plaza de la Revolución cantando al amor, a la paz, a la libertad, es un mensaje muy poderoso». Agregó que sintió una alegría semejante solamente al nacer sus hijos.
También hizo una referencia a la actitud del presidente Obama. Este fue requerido en el programa Al Punto de la cadena Univisión el mismo domingo para dar su opinión sobre el concierto de Juanes. Respondió: «Yo no creo que se trate de que nosotros le demos o no nuestra bendición (…). Es un músico fabuloso y tengo entendido que presenta un gran concierto». El comentario del aludido fue el siguiente: «Lo que dice Obama nos parece que lo hace aún más un caballero de la paz. Por eso y miles de razones estamos hoy en Cuba. Paz y bien». En declaraciones a la TV aludió al tema con carácter más general: «El estar hoy en la Plaza de la Revolución es un granito de arena aportado a ese puente que se empieza a tender. Que el compositor y cantante cubano Pablo Milanés tenga visa para ir a EEUU es otro signo de apertura. Sueño que el día de mañana Silvio Rodríguez vaya a cantar a Miami, que los Van Van y Amaury Pérez puedan cantar en todos lados, que podamos trabajar juntos, escucharnos y construir una paz verdadera, duradera».
En el mismo sentido, Olga Tañón estimó: «Juntos estamos haciendo historia. Le decimos al mundo: es tiempo de cambiar. Estamos aquí en el mismo lugar donde el papa Juan Pablo II dio su misa en 1998. Celebramos todos el día de la paz, y les damos un abrazo fraternal, lleno de amor, hermandad y paz». Miguel Bossé formuló esta exhortación: «Estamos aquí cumpliendo el sueño de tender una mano de diálogo. Invitamos a quien no esté todavía de acuerdo o dude que se junte a nosotros». El cantante cubano Carlos Varela (que siempre usa una camisa negra), cantó «Tengo una camisa blanca» de Juanes, y X Alfonso recordó al mejor Michael Jackson para cantarle a la paz en Black or White.
El significado relevante del concierto Por la Paz sin Fronteras, en particular para las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, se mide también por la reacción de las fuerzas más cavernarias enquistadas en Miami. Empezaron por romper a martillazos los discos de Juanes y demás participantes. El domingo, la TV los mostraba pasándoles por encima con una aplanadora. Así como lo oyen: triturando los discos con una aplanadora, y el odio concentrado en sus rostros.
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