HIPOCRESIA EN EL MUNDO ARABE
Los ejemplos son numerosos, según recordó el intelectual palestino Ahmad Abu Matar. Mientras el mundo árabe habla de la ocupación israelí en los territorios palestinos, la ocupación de las ciudades de Ceuta y Melilla al norte de Africa, conquistada por España hace 500 años, no es mencionada.
Este también es el caso de la provincia de Arab Ahvaz, ocupada por Irán en 1925, y lo mismo sucede con las tres islas de los Emiratos Arabes que fueron ocupadas por el régimen de Teherán en 1971. Nunca nadie las menciona.
Incluso, afirma el intelectual palestino, existen escritores árabes quienes explícitamente apoyan el término Golfo Pérsico en lugar de Golfo Arábigo, y afirman que Irán, como país culto, tiene más derecho a las tres islas que los árabes beduinos de los Emiratos Arabes Unidos y el Golfo Arábigo. Lo mismo puede decirse de la provincia Iskenderun, tomada por Turquía a Siria en la década de los años 30, que ha sido olvidada completamente por los árabes. El régimen sirio del ex presidente Hafez Al-Assad aprobó las actuales fronteras con Turquía, lo que confirma que la provincia es turca, y eliminó cualquier mención de los libros escolares de su país.
El número de palestinos muertos en enfrentamientos internos entre Hamas y Fatah desde el golpe militar del grupo islamista en Gaza en el 2007, dejó unos 700 muertos y 3.500 heridos o mutilados, además de cientos de personas que han sido encarcelados por ambos bandos. Sin embargo, hoy sólo sus familias se acuerdan de ellos.
La realidad es que millones de musulmanes y árabes resultaron muertos y masacrados a manos de sus propios hermanos. Hay un genocidio silencioso en marcha contra los musulmanes moderados, los que quieren vivir en paz.
Cuando un musulmán asesina a un musulmán, un árabe asesina a un árabe, o un palestino asesina a un palestino, no provoca reacciones radicales o beligerantes de parte de los musulmanes, árabes o palestinos. Pero cuando un musulmán, árabe o palestino es asesinado por un israelí o un occidental, se clama venganza y se llama a emprender acciones terroristas.
El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, desde las tribunas de la ONU, proclamó abiertamente la necesidad de destruir a Israel, sin embargo el mundo árabe guardó silencio, pese a que acusa al régimen de los ayatolás de querer dividirlos. Imagínese si esa afirmación del gobierno persa la hicieran los israelíes, hoy estaríamos hablando de una nueva guerra.
En pleno siglo XXI se cometen cientos de asesinatos en los países árabes bajo el falso pretexto de preservar el honor de la familia. En la mayoría de estos casos, una joven mujer es asesinada por su familia. Lo reconocen abiertamente, y las mujeres del vecindario, así como también la familia de la víctima, lo saludan con gritos de alegría. ¿Quién escribe o protesta en contra de este fenómeno?, se preguntó el palestino Ahmad Abu Matar.
Por qué no protestan contra las condenas a muerte de homosexuales, por la falta de democracia y libertad, o cuando reprimen, torturan y encarcelan a su propia gente. No veo manifestaciones ni discursos contra las leyes islámicas que permiten que mujeres y hombres sean amputados, físicamente o intelectualmente, en nombre del Islam. La doble moral, es alarmante.
Un asesinato es asesinato, independientemente de la identidad del responsable, de sus opiniones políticas o su religión.
Los asesinatos por expresar una opinión, se han convertido en algo común desde mediados del pasado siglo, y ha llegado a ser una fuente de temor para todos los escritores y filósofos árabes, particularmente desde el asesinato del escritor egipcio Farag Foda por un islamista extremista el 8 de julio de 1992, recordó el intelectual palestino.
Un anuncio en el diario Al-Nour proclamó que era un infiel y que debía ser asesinado, y un islamista llevó a cabo esta orden de ejecución. Cuando se le preguntó durante su juicio por qué había asesinado a Farag Foda, el asesino respondió: «porque es un infiel». Se le preguntó por cuál de los libros de Foda lo consideraba un infiel, y el extremista respondió: «No he leído ninguno de sus libros… no sé leer ni escribir».
Este es sólo uno de los innumerables casos que han llevado al silencio, a la clandestinidad y a la muerte a intelectuales del mundo árabe.
Las acciones de israelíes u occidentales tienden a ser duramente condenados, mientras que las perpetradas por los árabes y los musulmanes en contra de pares son generalmente recibidos con indiferencia, o incluso toleradas. «Mis hermanos y yo contra mis primos, mis primos y yo contra los extranjeros», recuerda el intelectual palestino citando un proverbio árabe.
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