El dilema del subcomandante tras el fin del "zapatour"

México, AFP

 

Al final del llamado «zapatour», la caravana rebelde que cruzó 3.000 km, desde las montañas de Chiapas (sur) a la capital, Marcos, el ídolo de la izquierda mundial de la máscara negra enfrenta una disyuntiva: continuar proyectando su mesianismo o emprender la negociación política.

Al frente de su estado mayor rebelde zapatista, el subcomandante Marcos entrará mñana domingo al corazón de la capital con la aureola de un redentor de los indios, rodeado por una multitud que lo ha vitoreado como héroe, en los límites de la adulación.

Marcos diseñó su bizarra caravana sobre las ruedas de unos 40 vehículos para exigir al Congreso que vote una ley sobre derechos y cultura indígenas, cuya médula es el reconocimiento de la autonomía en los territorios de las 56 etnias de México.

Esa fue la más compleja de las condiciones que puso para dialogar sobre el fin del conflicto –que ya dura siete años– con el nuevo gobierno de Vicente Fox, político carismático que derrotó al régimen autoritario de 71 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Fox, quien el sábado cumple 100 días en el poder, dio su beneplácito a la marcha «apostando toda su legitimidad y derrotando a los extremistas que advertían dentro y fuera de su gobierno que la caravana podría generar caos», dijo a la AFP Rubén Aguilar, politólogo y asesor presidencial.

El mandatario se atrevió a decir que «la prueba de fuego de la naciente democracia» sería el éxito de quienes se declaran «sus contrarios».

La insólita marcha de encapuchados desarmados «ha gestado un consenso social y legislativo para aprobar la ley de derechos indígenas», afirmó el analista de la Oficina Presidencial para la Alianza Ciudadana.

Ahora Marcos enfrentará un dilema: «prolongar su cruzada mesiánica con rudos desafíos o admitir que su marcha creó el clima para lograr una ley indígena y volver a la mesa del diálogo (suspendido desde 1996)», sostuvo Aguilar.

La marcha, que permitó a Marcos calibrar su enorme popularidad, fue posible «porque existe una nueva realidad política», añadió.

Pero el estridente lenguaje de Marcos se endureció con amenazas de nuevas rebeliones y burlas de Fox, a quien llamó «el que mucho habla y poco escucha».

«Tras la simpatía que recibió en su marcha, Marcos puede hacer una mala lectura para instalarse permanentemente en la ciudad», advirtió Roger Bartra, un antropólogo y estudioso de la rebelión indígena.

Bartra, quien definió al zapatismo como un «kitsh tropical», explicó a la AFP que «hay un riesgo de putrefacción que puede generar más turbulencias. Esa puede ser la meta de Marcos».

El futuro del misterioso personaje que encarna está en juego: «Marcos como redentor iluminado es el lado más peligroso. Quizá Fox no midió las consecuencias», al dar la bienvenida a la marcha, advirtió el autor del libro «Las redes imaginarias del poder».

En ese mismo sentido opinó el politólogo José Antonio Crespo: «Marcos está asegurando para él un amplio margen de negociación (…) mientras Fox está dando la impresión de que la paz es una certeza, Marcos afirma que aún no hay garantías», señaló Crespo a la AFP.

El gobierno piensa diferente. El canciller Jorge Castañeda dijo a la AFP que si tras el cumplimiento de sus condiciones Marcos rechaza el diálogo «la opinión pública lo va a rechazar a él».

Hay ejemplos de notables simpatizantes de Marcos que expresan su confianza en Fox: la ex primera dama de Francia, Danielle Mitterrand, dijo que el mandatario «tiene la voluntad de alcanzar la paz» y el Premio Nobel de Literatura, José Saramago, admitió que creía en su «buena voluntad».

La Unión Europea hizo lo propio llamando a Marcos a responder a los gestos de paz de Fox.

Castañeda, autor de una biografía del Che Guevara, explicó que Fox «tomó una audaz decisión estratégica, de hacer concesiones aún con el riesgo de no ser comprendido».

«Somos optimistas de que gracias a Marcos y Fox se apruebe la ley indígena para pasar a otra cosa», la negociación política, dijo Castañeda.

Pero los crípticos mensajes mezclados con retórica radical y discursos imbuidos de mitología indígena, han sido leídos por Marcos con aliento de predicador esotérico: «¿soñamos algo o algo nos sueña?», ha dicho por ejemplo.

«Lo que más preocupa es el elemento redencionista (…) la mezcla de mesianismo y política es explosiva», advirtió en un ensayo el historiador Enrique Krauze.

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