Mayor intervención militar de EEUU en Colombia
Por Niko Schvartz
Las evidencias surgen sobre el terreno. A los cientos de militares estadounidenses que revistan en la base de Tres Esquinas y se han involucrado en combates (más el personal de la base de Manta en Ecuador, y las de Aruba y Curação), se agregan veteranos de guerra adscritos a empresas norteamericanas como Militar y Professional Ressources que trabajan en Colombia, pagados por el Departamento de Estado, para asesorar y entrenar a batallones especializados del ejército.
Involucrados en acciones de guerra
En este caso se trata de 300 personas, casi todas veteranos de guerra, que han estado bajo el fuego cruzado con la guerrilla. Bush dijo que Estados Unidos no tiene prevista la intervención en el conflicto, pero abrió la puerta al agregar que «muchos norteamericanos la desean». También dijo que «hay una línea muy fina entre el entrenamiento y el combate».
El 18 de febrero un helicóptero artillado de la policía colombiana que escoltaba una flotilla de aviones Turbo Trush efectuando fumigaciones en Caquetá, fue alcanzado por disparos de fusil de combatientes de las FARC. El aparato aterrizó de emergencia. Iba acompañado por otro helicóptero de la sección aérea del Departamento de Estado, en el cual viajaban otros oficiales de la policía colombiana y dos norteamericanos de la compañía DynCorp, asesores en las fumigaciones (las cuales han despertado la protesta no sólo de los campesinos sino también de los alcaldes de las zonas afectadas, porque destruyen todos los cultivos alimenticios y diseminan enfermedades entre la población).
El avión norteamericano recogió a los policías colombianos antes de que llegaran los guerrilleros. O sea, se involucró directamente en la acción armada. El Comando Sur del ejército de EEUU (que ha volado de Panamá) reconoció que, además de los de DynCorp, hay 70 norteamericanos contratados para estas operaciones como parte de la ayuda militar del Plan Colombia. A ellos se agregan al menos un centenar de funcionarios de las empresas Textron, Sikorsky y United Technologies que suministran mantenimiento y asesoría a los 80 helicópteros artillados que escoltan a los aviones de fumigación cargados de glifosato. Se suman además los llamados mercenarios, expertos en entrenamiento militar, operaciones de radares, interceptación de comunicaciones radiales, misiones de reconocimiento aéreo y en pilotear aeronaves de distinto tipo.
La sombra de Vietnam
Las fuentes gubernamentales norteamericanas, que incluyen estos personales entre los civiles, reconocen además cerca de 400 militares USA en acción en Colombia.
Antes de ser electo, Bush declaró a «El Tiempo» de Bogotá su temor de que dicho país se convirtiera en otro Vietnam. El episodio antes descrito recuerda a los vietnamitas que derribaban a tiros de fusil aviones yankis volando a baja altura.
A raíz del mismo, el Departamento de Estado declaró que a pesar de extremarse las precauciones «son inevitables las heridas graves y la pérdida de equipo», lo que según analistas revela que hechos más graves en operaciones de este tipo fueron mantenidos en secreto.
El intervencionista Pete Romero
A diario aparecen noticias de masacres perpetradas por los paramilitares (AUC) de Caslos Castaño, particularmente entre campesinos. Un cable reciente señala que «paramilitares de extrema derecha mataron a seis campesinos en los municipios de Chiriguaná y La Paz, en el caribeño departamento de César». A pesar de que el presidente Pastrana declaró que se lucha contra estas bandas, es visible que actúan en connivencia con destacamentos del ejército, que dan luz verde a sus maniobras criminales. Recientemente se divulgó un llamado de alerta de la Asociación Nacional de Ayuda Solidaria denunciando atentados de las AUC en el municipio de Miranda, en el Cauca, que sembraron la muerte y obligaron a la evacuación de todos los habitantes.
Pero las AUC cuentan también con la protección de altas esferas en Estados Unidos. El subsecretario de Estado, Pete Romero, sindicado como uno de los más descarados promotores de la intervención militar, declaró que «tarde o temprano el gobierno colombiano deberá sentarse a hablar con los paramilitares». Organismos internacionales y colombianos de DDHH denunciaron la complicidad del State Department con las AUC, al extremo de que se han negado a incluirlas en su larga lista de organizaciones terroristas. «Los yanquis los quieren mucho, son sus aliados en la lucha contrainsurgente», señaló un analista político.
EEUU, el gran ausente en Los Pozos
Representantes del gobierno colombiano y de las FARC informaron ayer sobre la marcha de las conversaciones de paz a un centenar de embajadores, diplomáticos y técnicos de Naciones Unidas y de la Unión Europea, con una fuerte presencia de América del Sur y de América Central, estando además representada América del Norte por México y Canadá. Indudablemente, el gran ausente es Estados Unidos a esta trascendente reunión que se verifica en Los Pozos, a proximidad de San Vicente de Caguán, en la zona de distensión, y que reedita el interés de la comunidad internacional por contribuir a la paz en Colombia. Pastrana invitó especialmente a Bush a enviar un delegado, pero la respuesta es negativa.
El día anterior se reunieron en Brasilia representantes de los aparatos de inteligencia de Colombia, de todos sus vecinos y de los demás países de América del Sur (más la presencia, aquí sí, de un delegado de Estados Unidos) para analizar «los reflejos de la ejecución el componente militar del Plan Colombia», como reza el comunicado de la Agencia Brasileña de Inteligencia.
El vocero de Ecuador ya se adelantó a señalar las consecuencias nefastas del Plan Colombia sobre su país.
En este cuadro, crece la repulsa internacional al Plan Colombia y a la intervención norteamericana, como veremos.
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