Coincidencia plena. El presidente constitucional Manuel Zelaya debe ser reintegrado a su cargo

Honduras, la gran pulseada

Lo dijeron en forma categórica tanto el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, como el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en referencia a las conversaciones del jueves en San José. Arias señaló al iniciar su labor de mediación que «el 28 de junio se produjo en Honduras un golpe de Estado, sin eufemismo», que «allí debemos restaurar el estado de derecho y no hay solución exitosa si no pasa por la restitución de Zelaya a su cargo, para que termine su mandato presidencial sin otro derramamiento de sangre». Insulza expresó que «la piedra de toque es que el gobierno de facto acepte el retorno del presidente constitucional a su cargo; todo lo demás es negociable».

(Sobre este aspecto véase la nota de ayer «El punto de definición»). Esta concepción fue compartida plenamente por el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, que recibió el viernes a Zelaya con honores de presidente en ejercicio. «A nuestro modo de ver ­dijo­ el único punto de la agenda debe ser la fecha de retorno del presidente Zelaya, y en ese aspecto la OEA no debe ceder. A partir de ahí podrá discutirse cualquier cosa, pero ese es el primer punto de la agenda. Debe continuarse la presión que la OEA ha iniciado. La declaratoria de suspensión de un Estado miembro debe ejecutarse en todo lo que eso implica, y no puede haber un desafío de un gobierno de facto a lo que todo el mundo está reclamando». Fernández, que desempeñó un importante papel en la última reunión del Grupo de Río, efectuada en Santo Domingo, se comprometió a promover el tema de Honduras en la próxima reunión del Movimiento de los No Alineados (NOAL), que se realizará en El Cairo, y en la cual Cuba le transferirá la presidencia a Egipto.

El propio Zelaya declaró al término de la reunión con su homólogo costarricense que su objetivo es «la restitución del presidente constitucional de Honduras a su cargo». En conferencia de prensa en Santo Domingo añadió que «en San José se busca una solución inmediata para la restitución del presidente electo en forma libre por el pueblo hondureño» y que «mientras mi retorno no se dé, todo lo que está haciendo este régimen es nulo y constituye delito». Recalcó que la primera medida adoptada por los golpistas consistió en suprimir todas las garantías constitucionales e implantar el toque de queda.

Precisamente desde San José de Costa Rica nos informan las organizaciones locales que apoyaron a la delegación del movimiento popular hondureño que acompañó a Zelaya en sus conversaciones, incluso en el diálogo inicial con el presidente Arias. Dicen que el golpista Micheletti llegó a Costa Rica en la mañana del jueves y exigió al gobierno del país que le dieran garantías de que no lo arrestarían y que las conversaciones se hicieran en el aeropuerto. Esta exigencia fue rechazada por el presidente de Costa Rica, que envió al ministro de la Presidencia (su hermano) a recogerlo. Durante todo el tiempo que duró la reunión, varios cientos de manifestantes de organizaciones sociales, populares y del Movimiento Costarricense de Solidaridad con Honduras manifestaron en las afueras de la residencia de Arias su rechazo al usurpador, en un acto que tuvo gran repercusión, «para que los golpistas supieran el repudio que tienen en el país». Micheletti salió por la tarde precipitadamente de Costa Rica, sin haber logrado ningún punto a su favor, según opina el movimiento popular hondureño.

Los golpistas tampoco tuvieron mucha suerte en Washington, adonde enviaron una delegación. El único apoyo que recibieron fue de parte de la representante Ileana Ross-Lehtinen, del círculo dilecto de la mafia anticubana de Miami. Esta se manifestó indignada por la resolución de la OEA de suspender a Honduras, y abogó por un recorte de los fondos que EEUU proporciona al organismo. Su moción fue derrotada en la subcomisión respectiva, que preside el demócrata Eliot Engel. Legisladores demócratas proyectan una declaración de condena al golpe de Estado en Honduras.

Por su parte los movimientos sociales hondureños siguen librando una ardua lucha en las calles, con manifestaciones incesantes y cortes de carreteras, sin arredrarse por las intensas lluvias. En la capital, San Pedro Sula, Colón y Yaro se desarrollan simultáneas tomas de carreteras, y se proyecta otra gran marcha hacia el aeropuerto de Toncontin en homenaje al joven Isis Obed Murillo, asesinado el 5 de julio por el ejército mientras una multitud esperaba al presidente Zelaya. Su padre está detenido.

En su reflexión del 10 de julio Fidel Castro destaca lo que está en juego en Honduras a nivel continental. «Si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado a su cargo ­escribe­, una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, o quedarán estos a merced de los militares de extrema derecha, educados en la doctrina de seguridad de la Escuela de las Américas, experta en torturas, la guerra psicológica y el terror. La autoridad de muchos gobiernos civiles en Centro y Sudamérica quedaría debilitada. Los militares golpistas ni siquiera le prestarían atención a la administración civil de Estados Unidos. Puede ser muy negativo para un presidente que, como Barack Obama, desea mejorar la imagen de ese país».

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