CHOQUES EN TEGUCIGALPA

Decenas de jóvenes con sus rostros cubiertos increpaban ayer y se enfrentaban a la policía que custodia la Casa Presidencial en Tegucigalpa, armados con palos y barras de hierro, mientras demandan por altavoces que se restituya al depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya.

«Estamos esperando al presidente Mel (Zelaya), el único», dice exaltado José, que empuña una barra de hierro.

«Nos quedaremos aquí hasta que vuelva a la Casa Presidencial y se respete la Constitución», señaló sobre una barricada que corta la Avenida Juan Pablo II, sobre la cual se ubica la sede de la presidencia, en cuyo interior se encuentran acantonados decenas de policías antidisturbios y camiones militares.

Roberto «Micheletti, traidor jamás serás mi presidente (firmado) El Pueblo», reza un grafitti en uno de los comercios situados frente al palacio, en referencia al presidente del Congreso, designado por el Legislativo para sustituir a Zelaya. «¡Fue un golpe de Estado, Mel Zelaya no renunció!», dice Amílcar Umanzo, enarbolando un manual de los derechos humanos en la mano. «La clase política y económica se unieron para derrocar al presidente constitucional», denunció.

La directora del Hospital Psiquiátrico de Tegucigalpa, Alicia Páez, protegida del inclemente sol por una sombrilla, está segura de que «me corro (juego) el puesto pero vale la pena» reclamar la restitución del mandatario depuesto.

«Pero no es posible que tengamos de presidente a una persona a la que todos votamos en noviembre (en primarias del Partido Liberal) masivamente en contra y además esté alabando a los militares», señaló en referencia a Micheletti.

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