Néstor Kirchner renuncia a la presidencia del peronismo
Los síntomas de una crisis política y el fin de un ciclo comenzaron a verse ayer lunes en Argentina, con la renuncia al liderazgo del peronismo del ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007), hombre fuerte del poder y esposo de la presidenta, derrotado en las legislativas.
«Voy a renunciar en forma indeclinable a la presidencia del partido (Justicialista, PJ, peronista). Cuando un resultado no es el que uno pensó, hay que tomar la actitud que corresponde», dijo el ex mandatario en rueda de prensa.
Néstor Kirchner, considerado por los analistas el gran derrotado en los comicios legislativos de medio término del domingo, mantuvo desde 2003 una hegemonía política y un ejercicio del poder con mano de hierro junto a su esposa, la actual presidenta Cristina Kirchner.
La renuncia ocurrió horas después de confirmarse su caída en el bastión peronista de la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito con casi 40% del padrón, a manos del magnate liberal nacido en Colombia, Francisco de Narváez.
De Narváez, dueño de medios de comunicación y de una fortuna calculada por la prensa en 500 millones de dólares, había señalado poco antes que «el gabinete requiere cambios, hombres y mujeres que crean en el diálogo».
«Nadie puede ostentar las mayorías, la salud de la democracia pide equilibrios, tenemos que buscar consensos, ahora nadie puede usar una mayoría para no debatir y solapar problemas», dijo este aliado del alcalde derechista de Buenos Aires, Mauricio Macri. La politóloga Doris Capurro, directora de la consultora Ibarómetro, dijo que «la lectura es que no ganó De Narváez, sino el voto contra Néstor Kirchner, contra la crispación política en el conflicto con el campo, contra su estilo y no contra sus ideas». La popularidad de los Kirchner se había derrumbado desde que en 2008 se enfrentaron a las patronales agrícolas, en huelga contra el alza de impuestos a las exportaciones con respaldo de centenares de pueblos y ciudades de las ricas provincias de la Pampa Húmeda.
Otra renuncia de ayer lunes fue la presentada por la ministra de Salud, Graciela Ocaña, que estaba al frente del operativo contra la gripe A, que ha dejado hasta el momento 26 muertos y 1.587 contagiados. Pero su alejamiento tiene origen político interno en el gobierno.
El ex jefe de gabinete Alberto Fernández, uno de los tantos desplazados abruptamente del gobierno en 2008, le recomendó a los Kirchner «escuchar lo que acaban de decir las urnas, porque se ha expresado la gente».
Sin embargo, «hay que seguir gobernando, ésta fue una elección parlamentaria», agregó.
La renuncia de Ocaña era reclamada desde hace meses por el poderoso líder de la central obrera CGT, Hugo Moyano, necesitado de poner un hombre de su confianza en el manejo de la millonaria caja de las organizaciones sindicales de salud, que dependen del ministerio.
Los Kirchner sufrieron el domingo una debacle en las legislativas ante una avalancha de votos opositores en los cinco mayores distritos, que les arrebató la mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado.
Según datos oficiales, escrutadas 99% de las mesas electorales, el peronismo gobernante y sus aliados perdieron la mayoría en ambas cámaras.
«Vamos a profundizar la institucionalidad, profundizar la gobernabilidad», anunció el ex mandatario al admitir la derrota.
Las fuerzas emergentes de los comicios fueron los radicales socialdemócratas fortalecidos como segunda fuerza legislativa a nivel nacional, los liberales de distinto cuño y peronistas disidentes.
Argentina, productor de alimentos, sufrió en los últimos meses el impacto de la crisis internacional. Sin embargo, los analistas consideran que la crisis es eminentemente política.
Los Kirchner experimentaron fuertes retrocesos en la Capital y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, pese a que su partido fue el más votado a nivel nacional.
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