El presidente Fernando Lugo apeló orden judicial por ADN
«Nosotros hemos propuesto que la extracción sanguínea se realice en Asunción, cubriendo nosotros todos los gastos», dijo ayer a la prensa el abogado del jefe de Estado, Marcos Fariña.
La demanda por paternidad fue interpuesta por Benigna Leguizamón, de 27 años, madre de Fernandito, de 6 años, fruto de una relación extramatrimonial cuando Lugo se desempeñaba como obispo católico de la diócesis de San Pedro, el departamento más pobre del país. Benigna era empleada doméstica del obispado.
Fariña adujo que el presidente de la nación «debe sentar posiciones en su despacho o por oficio».
«Nosotros somos los más interesados en que esto se acabe», dijo al negar que Lugo dilate la prueba de ADN.
Fariña anunció sin embargo que recusará -por segunda vez-, en nombre del presidente, a la jueza Delcy Cardozo, responsable de la intimación al jefe de Estado.
La magistrada adujo que la ley señala que la toma de muestra de sangre debe realizarse en el lugar donde vive el niño.
El presidente Lugo reconoció hasta ahora a un niño de dos años en abril pasado, Guillermo Armindo, hijo de Viviana Carrillo, de 24 años, también producto de una relación cuando era obispo.
La Iglesia Católica suspendió «a divinis» a Lugo en diciembre de 2006, cuando anunció que se dedicaría a la actividad política.
Una tercera mujer, Damiana Morán, también asegura que tiene un niño, Juan Pablo, de un año y medio de edad, fruto de una relación durante la campaña electoral, según dijo. Ella sin embargo, no entabló querella alguna contra el mandatario.
En Paraguay la paternidad irresponsable no es solamente un problema presidencial, sino un hábito cultural o, mejor dicho, un grave problema con consecuencias de todo tipo.
Las cifras son alarmantes y poco se está haciendo para revertir un hábito que tiene más de un siglo.
Luego de que el presidente y ex obispo Fernando Lugo admitiese su paternidad, el tema de la responsabilidad de los varones y la absurda proporción de niños sin padres comenzó a ser un tema de conversación entre los paraguayos y de a poco llegó a la prensa que amplificó el grave problema.
Es que, increíblemente, muchos hombres y también algunas mujeres justificaban ese acto de Lugo afirmando que «todos los hombres tienen hijos no reconocidos».
Las explicaciones a este fenómeno que tiene mucho de leyenda: casi todas se remontan a la Guerra Grande que Paraguay libró a mediados del siglo XIX contra una alianza de Brasil, Argentina y Uruguay en la que murieron entre un 75 y un 90% de los hombres mayores de 16 años causando un desequilibrio poblacional que solo se mitigó en un par de generaciones.
Fueron tres décadas, las últimas del XIX, en las que se practicó, con alguna razón, una hipócrita poligamia, afirman expertos.
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