Hezbolá, favorito en comicios
La alianza dirigida por el Hezbolá, un poderoso movimiento armado chiita respaldado por Irán, puede ganar las elecciones legislativas de hoy domingo en Líbano frente a la coalición apoyada por los países occidentales.
Respaldado por Irán y por Siria, el partido está inscripto en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos.
Sin embargo, tiene miembros en el gobierno, un ministro propio al que se suma otros diez de sus aliados, en este gabinete de 30 carteras, así como en el Parlamento saliente, en donde junto con sus socios alcanzan los 55 escaños.
El Hezbolá tiene a once candidatos en estas elecciones junto a los de sus aliados, incluido el pequeño grupo chiita Amal, liderado por presidente del Parlamento, Nabih Berri, y su baza es el cristiano Michel Aún, jefe de gobierno al final de la guerra civil (1975-1990), muy popular entre los cristianos, que ha permitido ampliar la audiencia del movimiento chiita.
La contienda electoral por el control de los 128 escaños del Parlamento los enfrenta a la alianza sunita, drusa y cristiana antisiria respaldadas por Occidente y Arabia Saudita.
Algo más de 3,2 millones de libaneses están convocados a las urnas para elegir entre los 587 candidatos, repartidos a partes iguales entre cristianos y musulmanes para mandatos de cuatro años.
Hezbolá, que significa en árabe Partido de Dios, se construyó una reputación en Líbano y gran parte del mundo musulmán mostrándose como un movimiento capaz de enfrentar a Israel en el campo de batalla.
Se le atribuye al grupo el haber empujado a Israel a que retirara sus tropas del sur del país en 2000, poniendo fin a 22 años de ocupación marcada por la masiva invasión de 1982 cuando los militares israelíes llegaron hasta Beirut.
Seis años después, el Hezbolá proclamó una «victoria divina» sobre Israel tras una guerra de 34 días que comenzó cuando los militantes chiitas capturaron a dos soldados israelíes en un ataque al otro lado de la frontera.
La guerra de 2006, que dejó unos 1.200 muertos en Líbano, la mayoría civiles, y causó importantes daños en la infraestructura del país, terminó con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que exigió el desarme del Hezbolá.
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