El 3 de junio de 2009 pasa a la historia de la nueva América
Es una victoria de alcance continental y una expresión de la nueva realidad imperante en la América Latina y caribeña.
En la noche del martes 2 el panorama era sombrío. No había acuerdo. EEUU (primero Hillary Clinton, luego Thomas Shannon) insistía en poner condicionamientos. Se barajó por parte del presidente anfitrión, Manuel Zelaya, la posibilidad de resolver por mayoría. Cabe recordar que la infame resolución impuesta en 1962 había contado sólo con 14 votos de los 21 miembros de la OEA y no la acompañaron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México y desde luego Cuba. (Como contraparte, se advierte que sí la votaron los representantes de las dictaduras de Stroessner, Somoza, Duvalier, los sucesores del trujillismo, etc.) Los esfuerzos prosiguieron y en la mañana siguiente amaneció el acuerdo. Los agoreros de mala entraña fueron derrotados. Prevalecieron el sentimiento unitario latinoamericano, la racionalidad política, el aprecio, consideración y cariño que se ganó Cuba por su vocación solidaria y su dignidad soberana, las gestiones de los países del ALBA, más Ecuador, más los que viene realizando Brasil de larga data y los países del Caricom en un solo haz. La buena nueva, anticipada por la presidenta de la reunión, la ministra hondureña Patricia Rodas, fue explicitada por el canciller ecuatoriano Fander Falconi, quien la definió como una señal de los nuevos tiempos en América Latina. La resolución adoptada en 1962 «queda sin efecto en la OEA». No hay ningún condicionamiento. Así se votó, por unanimidad y aclamación. Quedan abiertas las puertas para el reingreso de Cuba, la que adoptará su decisión soberana.
Hay días que valen por años, y el 3 de junio fue uno de ellos. Allí plasmaron intensas acciones políticas que se vienen desplegando particularmente en el último período. Un antecedente relevante es la reunión realizada en Costa do Sauípe, estado de Bahía, Brasil, el 16 y 17 de diciembre pasados, cuando por primera vez en 200 años estaban representados exclusivamente los países latinoamericanos y caribeños y en la que se incorporó a Cuba al Grupo de Río, se reclamó el fin del bloqueo (el gran reclamo que ahora quedó pendiente y es el próximo paso ineludible, según dijeron todos los oradores) y se procedió a la creación, por parte de Unasur, del Consejo Sudamericano de Defensa. En aquella instancia fueron particularmente expresivas las declaraciones de los presidentes Zelaya, Chávez, Lula, Tabaré Vázquez y el primer ministro de Jamaica, Percival James Patterson, al tiempo que el presidente Raúl Castro, en su primer viaje al exterior, destacaba esa «unanimidad ejemplar». La misma que se expresó en la V Cumbre de las Américas de Trinidad-Tobago, en que volvió a demostrarse que Cuba es parte indesarraigable de nuestra América.
Como decíamos, los oradores estimaron que este paso positivo debía ser seguido por el fin del bloqueo, tan viejo como la resolución anulada. Esto se viene planteando desde tiempo atrás. Se lo dijo Lula a Obama, enfatizando que era anacrónico, injusto, ilegal e inútil, e impone sufrimientos desmedidos al pueblo cubano. Lo acaba de reiterar en reportaje a Patricia Janiot difundido junto con la clausura de la reunión de la OEA. Dijo que EEUU debe aceptar a cada país tal cual es, que negocia con China sin parar mientes en la ideología de sus gobernantes, y que no existe razón alguna para mantener el bloqueo, que debe cesar sin más trámite.
En la tarde del miércoles era un placer seguir por Telesur el desarrollo de la sesión, apreciar la dignidad, la altura de miras, la aspiración unitaria y el sentimiento democrático de todos los participantes. Seguimos las intervenciones del presidente Daniel Ortega, del canciller Nicolás Maduro, del canciller jamaiquino, del delegado de México (que destacó que no votó en 1962 y nunca rompió relaciones con Cuba), de los delegados de Barbados, de Paraguay (dijo que una nueva bandera deberá colocarse al lado de la de Dominica), del panameño Arístides Royo, de la representante de Antigua y Barbuda, del canciller canadiense Peter Kent (señaló que el espíritu de Trinidad-Tobago arraigó en San Pedro Sula), de los ministros de Santa Lucía y precisamente de Trinidad-Tobago, del recién investido canciller de El Salvador, Hugo Martínez, de los representantes de Belice y San Vicente y Granadinas, del canciller ecuatoriano Fander Falconi, del representante de Colombia (que también se congratuló del «feliz resultado que todos celebramos»), de la R. Dominicana y del Perú, del canciller boliviano David Choquehuanca, que dijo unas palabras de celebración en idioma indígena, de Haití, Dominica, de las Bahamas, de Surinam y de Guyana, y por último del canciller de Guatemala, Haroldo Rodas Melgar, antes de tomar la palabra, para conceptuosos discursos de cierre, la canciller hondureña Patricia Rodas y el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. Todos destacaron que se estaba viviendo un momento histórico. Mientras tanto, los presidentes Chávez y Cristina Fernández hacían llegar sus voces de apoyo.
El canciller uruguayo Gonzalo Fernández, que habló después de Santa Lucía, estuvo a la altura de las circunstancias. Su discurso (con citas de Galeano, Quijano y una invocación a San Cono por la fecha) fue resumido ayer en LA REPUBLICA. Dijo además que los resultados alcanzados son un acicate para redoblar esfuerzos, vinculó la reunión con la de Trinidad-Tobago, habló de «un nuevo espíritu en la administración Obama», saludó los cambios ya introducidos en cuatro meses y la apertura de un nuevo diálogo con América Latina.
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