Escrito por: Santiago | AFP

Cineasta y filósofo, hijo de Miguel Enríquez fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) abatido en la dictadura de Augusto Pinochet y dueño de una seducción que opaca la de sus contrincantes, en pocas semanas llegó a 14% de las preferencias del electorado sin haber inscrito aún su candidatura.
Para ello necesita renunciar al Partido Socialista (PS) y presentarse como independiente, para lo cual requiere de 36.000 firmas ciudadanas.
Ahí encuentra ya un obstáculo: las firmas deben ser ante notario, y el procedimiento tiene un costo para quien quiera apoyarlo de 2.000 pesos (unos 4 dólares).
La intención inicial del diputado era competir en la elección interna del oficialismo, pero éste apoyó incondicionalmente a Frei, que concita hoy una adhesión de un 26% contra 35% del opositor derechista, Sebastián Piñera.
Al quedar fuera de las primarias, Enríquez se postuló por su cuenta, apelando a los jóvenes y a los desencantados del oficialismo tras casi 20 años en el poder, con un discurso de cambio que ha hecho que lo comparen con Barack Obama.
Su candidatura ha hecho sonar alarmas en el oficialismo. El ex presidente Ricardo Lagos criticó la irrupción de Enríquez, señalando que “no hay espacio para populismos”, mientras que el ex ministro de gobierno Belisario Velasco cuestionó su capacidad para “dar gobernabilidad”.
“Esta candidatura parte con un diagnóstico: la política es hoy un espacio incapaz de procesar las demandas, sueños y necesidades del Chile postransición”, dijo Enríquez en una entrevista con la AFP.
“La generación que gobernó en los 70 es la misma que hoy controla los partidos. Las dirigencias han levantado un muro en la sucesión al interior de los partidos. La idea fue pararse frente a la tendencia y dar la pelea por interpelarla y revertirla”, explicó.
La comparación con el presidente de Estados Unidos no lo incomoda. “Somos portadores de un mensaje y una propuesta que está en línea con lo de Obama, estamos generando un movimiento tectónico al interior de la élite política”, dijo.
Su candidatura es considerada por analistas como una amenaza el férreo modelo chileno donde mandan dos grandes conglomerados, la Concertación de centro-izquierda, y la derecha.
También consideran que su candidatura debilita al oficialismo pero también al derechista Sebastián Piñera.
“Enríquez ha subido en las encuestas por las debilidades tanto de Piñera como de Frei, que representan mucho más el pasado que el futuro. Sus candidaturas están construidas a partir de respuestas a los problemas de ayer más que a los problemas de hoy”, explicó a la AFP el analista Patricio Navia. “Piñera tiene un programa de gobierno que es casi idéntico al de 2005. (cuando perdió frente a la hoy presidenta Michelle Bachelet). Parece no entender que ésta es una elección diferente, y que el mundo y Chile han cambiado mucho”, agrega.
“Frei fue candidato presidencial victorioso en 1993 pero por más que hable de futuro, lo suyo inevitablemente huele a pasado”, dice Navia.
En su discurso Enríquez habla de llevar una economía solidaria, cuidar los recursos naturales, proteger los derechos de los trabajadores, asegurar educación de calidad y ampliar la cobertura de salud.
Frei habla de mantener el rumbo exitoso de la Concertación, que ha gobernado por 20 años desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, mientras que Piñera impone su experiencia de empresario multimillonario para activar la economía y dar más seguridad al país.
La prueba de fuego para Enríquez será conseguir las firmas necesarias para inscribir su candidatura pero por lo pronto ya logró darle sabor a la carrera por la presidencia chilena.
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