Medio Oriente. Los recurrentes "no" en las negociaciones conspiraron para la creación de su Estado

El gran fracaso de la política palestina del "todo o nada"

Mientras que lsrael tras 61 años de existencia ocupa el lugar 43º en el ranking de los países más democráticos del mundo sobre 167 analizados, y es la 23ª economía más competitiva con sus siete millones de habitantes, superando a potencias como China o a países como España, según el «Global Competitiveness Report», los palestinos aún no han podido edificar su Estado desde que la ONU decidió la creación de ambos en el siglo pasado.

¿Pero por qué los palestinos no tienen su Estado? ¿En decenas de años los dirigentes palestinos no tuvieron oportunidad crearlo? Las respuestas están en la historia de este largo conflicto, pero cierto es también que los recurrentes ‘no’ del mundo árabe y de los palestinos en las mesas de negociaciones, jugaron en contra de sus propios intereses.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU, reunida en Nueva York, aprobó la Resolución 181, la cual recomendaba un plan para resolver el conflicto entre judíos y árabes en la región de Palestina, que se encontraba en esos momentos bajo administración británica. El plan de la ONU proponía dividir la parte occidental del mandato en dos Estados, uno judío y otro árabe, con un área, que incluía Jerusalén y Belén, bajo control internacional.

Apenas dos semanas después de aprobarse la resolución de la ONU, en una reunión pública celebrada el 17 de diciembre, la Liga Arabe aprobó otra resolución que rechazaba frontalmente la de la ONU y en la que advertía que, para evitar la ejecución del plan de partición, emplearía todos los medios a su alcance, incluyendo la intervención armada. La amenaza árabe finalmente se cumplió y no tuvo ninguna respuesta por parte de la ONU.

El Reino Unido rechazó compartir la administración de Palestina con la ONU durante el período de transición recomendado por el plan y abandonó Palestina el 15 de mayo de 1948, fecha en que expiraba el mandato británico y un día después de que Ben Gurión leyese la Declaración de Independencia del naciente Estado hebreo.

Fuera de Palestina y del mundo árabe, el nacimiento del Estado judío encontró un apoyo universalmente favorable, tanto en Occidente como en el bloque de países que estaban bajo la égida de la Unión Soviética. La Liga Arabe, sin embargo, a través de su secretario general, Azzam Pachá, anunciaba la inminente invasión: «Será una guerra de exterminio, una terrible matanza, comparable a los estragos de los mongoles y a las Cruzadas». El futuro jefe de la resistencia palestina, Ahmed Chukeiry, afirma que la invasión tendría como objetivo «la eliminación del Estado hebreo». En la noche del 15 de mayo de 1948, los ejércitos de Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak cruzaron las fronteras y comenzaron la invasión del flamante Estado de Israel. La primera guerra árabe-israelí había comenzado. Sin embargo, esa no fue la única oportunidad histórica que perdieron los palestinos y el mundo árabe al oponerse a la decisión de la ONU.

Un plan de partición anterior ya se había propuesto el 7 de julio de 1937. La Comisión Peel de Gran Bretaña había publicado su informe en Londres, reconociendo que el conflicto entre árabes y judíos era irresoluble y recomendaba la partición de Palestina en dos Estados soberanos independientes. La Comisión había sido establecida aparentemente en respuesta a los disturbios árabes que habían estallado en 1936, inspirados por el muftí islámico de Jerusalén, Haj Aminal-Hussaini, aliado de Adolf Hitler. El no árabe a la Comisión Peel fue el preludio a su rechazo a la partición de la ONU.

Algunos análisis indican que en 1937 los árabes habrían controlado el 90% del Mandato de Palestina si hubieran aceptado las propuestas, ya que sólo le hubiera correspondido a los judíos el 10%.

Atrás quedaba también la Declaración de Balfour de 1917, por la cual Gran Bretaña pretendía crear una patria para los judíos en su hogar ancestral de Palestina. Aproximadamente el 77% del territorio prometido a los judíos en la Declaración de Balfour era sin embargo para crear el Emirato de Transjordania bajo dirección británica en 1922, y desde entonces no se permitía que ningún judío residiera allí. También allí primó el no del mundo árabe.

Después de la Guerra de los Seis Días, Israel estuvo dispuesto a negociar, a retirarse de casi todo el territorio conquistado ­Sinaí, Golán, Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este­ a cambio de la paz con todo el mundo árabe, pero en la cumbre de Jartum, meses después, este respondía con su famoso triple no al reconocimiento, a las negociaciones, a la paz, dando inicio a otra escalada en el conflicto.

El no también fue también la respuesta a las propuestas de Ehud Barak en Camp David II en el 2000. El primer ministro ofreció retirarse del 95% de Cisjordania y del 100% de la Franja de Gaza. Además, convino en desmantelar 63 asentamientos aislados. A cambio del 5% de anexión de Cisjordania, Israel aumentaría la extensión del territorio de Gaza por aproximadamente un tercio. También hizo concesiones que anteriormente habrían sido inimaginables sobre Jerusalén, conviniendo en que los barrios árabes de Jerusalén Oriental se convertirían en la capital del nuevo Estado. Los palestinos mantendrían el control de sus lugares sagrados y tendrían soberanía religiosa sobre el Monte del Templo. Incluso en el caso de la Franja de Gaza, que debe estar físicamente separada de Cisjordania a menos que Israel fuera a segmentarse, se concibió una solución por la cual una autopista conectaría las dos partes del Estado palestino sin puntos fronterizos o de interferencia israelíes. La propuesta también abordaba el problema de los refugiados y reparaciones económicas, entre otros asuntos.

Pero Yasser Arafat no estaba dispuesto a terminar el conflicto. Para él terminar el conflicto era terminar consigo mismo. Un no fue su respuesta.

También rechazaron las propuestas del presidente Bill Clinton. De todo lo que se propuso desde la creación del Estado de Israel, la fórmula planteada por Clinton era la más generosa, afirman algunos historiadores. Según Bandar bin Sultan, en aquel entonces embajador de Arabia Saudita en EEUU, la propuesta de Clinton incluía la retirada de Israel del 97% de todos los territorios ocupados, la partición de Jerusalén y otras concesiones. Cuando Arafat y su comitiva llegaron a Washington el 2 de enero de 2001, el propio Bandar bin Sultan fue a recibirlos al aeropuerto. En el Hotel Ritz en Washingon, Bandar dijo a Arafat que si rechazaba las propuestas de Clinton, cometería «un crimen contra el pueblo palestino y contra toda la región». Arafat fue de allí a la Casa Blanca. Después de la entrevista, Bandar trató de encontrarse con Arafat, pero éste lo eludió. A las pocas horas todo había terminado: Arafat había rechazado las propuestas de Clinton. El camino de la violencia continuaría hasta hoy.

La postura de «todo o todo o nada» del mundo árabe y de los palestinos tuvo sus consecuencias. Hoy los palestinos están enfrentados y divididos. Fatah y Hamas luchan por controlar sus territorios, sostenidos por la ayuda internacional, y aún no tienen su Estado. Perdieron 61 años y muchas oportunidades al decir a casi todo que no y al levantarse de la mesa de negociaciones para transitar por la vía armada.

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