Con un origen humilde y lejos de su padre, quien estuvo preso en Estados Unidos por tráfico menor de drogas, logró graduarse como economista y estudiar becado en Estados Unidos y Bélgica.
A su regreso a Ecuador se vinculó con la academia y casi por azar llegó al ministerio de Finanzas en 2006, de donde fue expulsado por el gobierno interino de Alfredo Palacio debido a sus posturas radicales contra los organismos extranjeros de crédito.
De ese fracaso salió casi en hombros y en cuestión de meses fue candidato y más adelante el líder de una nación con fama de ingobernable, donde los presidentes caían irremediablemente bajo la presión de las revueltas sociales.
Una vez en el poder decidió no renovar el convenio que permite a tropas de Estados Unidos operar una base antidrogas en suelo ecuatoriano y expulsó a dos diplomáticos de ese país al acusarlos de intromisión de asuntos internos.
También rompió relaciones con Colombia por una incursión militar en Ecuador contra la guerrilla de las FARC.
“El que quiera negar la revolución social que ha ocurrido en Ecuador o es un gran necio o un ciego”, afirmó el mandatario destacando que por primera vez la salud y la educación públicas son gratuitas, y la inversión social supera en creces el servicio para el pago de la deuda externa.
Los comicios generales de ayer en Ecuador se desarrollaron con transparencia y calma, dijo el mandatario Rafael Correa, saliendo al paso de unas denuncias de su rival Lucio Gutiérrez sobre la supuesta manipulación de votantes por parte del gobierno
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