PARA UN BALANCE DE LA V CUMBRE
Esto último también fue objeto de un consenso generalizado, más allá de las diferencias notorias de orientación política de los participantes. No hay en la actualidad dos opiniones en la América Latina y caribeña de que esta situación anacrónica, extendida desde hace más de cuatro décadas, debe cambiar radicalmente. En particular respecto a la era Bush.
Daniel Ortega manifestó: «Las conclusiones de la Cumbre son positivas porque se está estableciendo un nuevo diálogo de América Latina y el Caribe con EEUU, y estas relaciones se ponen a prueba en adelante. Hay una voluntad de parte de Obama hacia América Latina de trabajar en una nueva dirección, nosotros hemos compartido esa visión dentro de un marco de respeto y cordialidad, pero no podemos perder de vista que Obama está montado sobre la estructura del imperio. Lo importante es que se puedan establecer nuevas relaciones en medio de la diversidad, relaciones respetuosas y de cooperación. Ese es el resultado más valioso del encuentro». Dichas consideraciones podrían ser suscritas con comodidad por todos los mandatarios, según se desprende de sus manifestaciones expresas, y es inconducente establecer diferencias entre unos y otros respecto al tema en general.
Cristina Fernández de Kirchner recordó en su discurso de apertura que la anterior Cumbre de Mar del Plata significó «un punto de inflexión en las relaciones en el continente» porque «distintos países de nuestras Américas, con distintas experiencias históricas y distintas ideas le dijimos NO al ALCA» y porque se dejó de lado «la subordinación acrítica a toda propuesta que se nos hiciera» desde los países centrales. «Inauguramos una nueva forma en el sentido de plantarnos con nuestras ideas y experiencias y dar respuesta a lo que en muchísimas décadas fue una relación traumática» entre los países más pobres y la potencia hegemónica. Pidió levantar el bloqueo a Cuba y señaló la paradoja de que Cuba fuera expulsada de la OEA por entenderse que amenazaba la integración continental, mientras EEUU incumplió el tratado de asistencia recíproca cuando en 1982 Argentina fue agredida por Gran Bretaña (con apoyo militar y de inteligencia de EEUU, agregamos). Afirmó que el Consenso de Washington fue «la tragedia social de nuestras economías» y que en los últimos cuatro años el mundo ha cambiado profundamente, de modo que los grandes avances sociales, económicos y estructurales de nuestros países se ven hoy amenazados por el impacto de una crisis «en la que no hemos tenido nada que ver».
Según la acertada visión de la presidenta argentina, en cierto modo la V Cumbre, en la que América Latina habló con su propia voz, es la continuación de la anterior de Mar del Plata, y se diferencia esencialmente la Cumbre inicial de 1994 en Miami que fue la plataforma de lanzamiento de la Alianza de Libre Comercio de las Américas, y de las dos siguientes en Santiago de Chile y Québec. Porque en la ciudad platense se enterró definitivamente el ALCA, un plan de dominio incompartido de EEUU desde Alaska a la Tierra de Fuego, una típica expresión imperial, por la acción mancomunada de los gobiernos sureños (en este caso particularmente por la de los cuatro presidentes de los países del Mercosur y de Venezuela) y por formidables manifestaciones y actos de masas que expresaron un sentimiento colectivo. Porque ya en esa época era otra América Latina, y allí se reflejó palmariamente esa nueva realidad. Desde el inicio de este nuevo siglo y milenio América Latina vive ya no sólo una época de cambios, sino un cambio de época.
Esta definición pertenece a Rafael Correa, que el próximo domingo será sin duda confirmado por la fuerza de los votos y reelecto como presidente de Ecuador (en dupla con Lenin Moreno) frente al magnate Álvaro Noboa. Esa nueva América Latina también adquirió presencia firme en Trinidad-Tobago, con sus características esenciales: la defensa de la soberanía y la independencia nacional, las relaciones en pie de igualdad con todos los estados. Al respecto se han sentado nuevas bases. Veremos cómo se desarrollan los hechos, pero hay pueblos y gobiernos en actitud comprometida y militante, y ya nada será igual que antes.
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