OPINION INTERNACIONAL

EL HUESPED INVISIBLE

Ayer se conoció una encuesta reveladora de la opinión pública norteamericana después de las primeras medidas anunciadas por el presidente Obama. El 70% es partidario de que todos lo estadounidenses puedan viajar en forma irrestricta a Cuba, y el 59% de establecer un nuevo padrón de relaciones con la isla. Hay un proyecto en el Congreso con ese contenido, reeditando anteriores iniciativas que fueron vetadas por Bush. O sea que si Obama se decide a adoptar una decisión en ese sentido (más allá del derecho otorgado a 1,5 millones de cubano-estadounidenses para viajar, así como a enviar divisas), contará con el debido respaldo. Pero además, lo que se ha venido reiterando es la necesidad de poner fin al bloqueo, complementado con la inicua Ley de Ajuste Cubano, que otorga un trato privilegiado a los cubanos que ingresan ilegalmente a EEUU, en brutal contraste con lo que sucede con los inmigrantes de todos los demás países, sometidos a persecuciones y castigos, como se expresa dramáticamente estos días con los mexicanos, el muro fronterizo y las medidas draconianas en su contra.

Esta voluntad se expresó inequívocamente y sin excepciones por parte de los presidentes latinoamericanos que visitaron La Habana, cuya lista, tomando solamente este año, es realmente impresionante, incluyendo a Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, Brasil, Argentina, Haití, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Honduras, a los que se sumaron los gobernantes de varias islas caribeñas como Jamaica, Barbados, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas. En marzo el presidente Raúl Castro recibió además al embajador de Trinidad-Tobago en La Habana y luego al primer ministro Patrick Manning. Idéntico llamado a poner fin al bloqueo se expresó por unanimidad en la 1ª Cumbre de América Latina y el Caribe efectuada en diciembre pasado en Costa do Sauípe, estado de Bahía, donde además se resolvió incorporar a Cuba al Grupo de Río, organismo que desempeñó un papel muy destacado, en su reunión de Santo Domingo, en la defensa de los principios de soberanía e integridad territorial en el caso de la invasión de territorio ecuatoriano por parte de Colombia el 1º de marzo de 2008.

Estos pronunciamientos, como decíamos, desbordan el cuadro continental. En la reciente reunión en Moscú entre la presidenta chilena Michelle Bachelet y el presidente ruso Dimitri Medvedev (ambos visitantes de Cuba este año), acordaron reclamar el fin del embargo de EEUU a Cuba y la integración de ésta a las «estructuras regionales multilaterales», en obvia referencia a la OEA. Fidel Castro expresó en una de sus últimas reflexiones que Cuba no desea incorporarse a dicho organismo, del cual fue excluida en la Conferencia de Cancilleres de enero de 1962 en San Rafael, Uruguay.

Otros hechos, además del arriba reseñado, muestran que el rechazo al bloqueo se abre paso en diversos sectores de la sociedad norteamericana. Ya hablamos de las opiniones del senador republicano Richard Lugar y de los siete representantes del caucus negro del Congreso que acaban de visitar La Habana y entrevistarse con sus máximos dirigentes. La congresista Barbara Lee, cabeza de la delegación, manifestó que «el término del embargo económico, financiero y comercial contra la isla favorecerá a ambos países», y sus declaraciones tuvieron amplio eco en el Congreso y en la prensa. En sentido similar se expresan los granjeros del sur, ansiosos de ampliar los 400 millones de dólares de alimentos que ahora exportan, más los agentes de turismo favorables a los viajes sin restricciones. Lo que no era tan previsible es el pronunciamiento de un conjunto de 12 ex jefes militares de primer nivel, que abogan por un cambio de política hacia Cuba y el fin de las restricciones a los viajes y dicen en carta abierta a la Casa Blanca que «la ley sobre la libertad para viajar a Cuba presentada por el demócrata Bill Delahunt «es un importante primer paso hacia el levantamiento del embargo». Entre ellos figuran los generales James Hill, ex jefe del Comando Sur, Barry McCaffrey, ex zar antidrogas, Lawrence Wilkerson, jefe de Estado Mayor de Colin Powell, y otros 9 ex altos miembros de la jerarquía militar.

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