México espera a Obama con su guerra a narcos en la frontera
Obama desarrollará en México hoy jueves un breve programa de menos de 12 horas, pero antecedido por un intenso movimiento bilateral tras sonar las señales de alarma en Estados Unidos por el riesgo de que la confrontación entre cárteles mexicanos cruce la frontera.
Un día antes de la llegada de Obama, Estados Unidos mostró una señal de apoyo a México en su lucha contra el crimen organizado al declarar que los bienes de los cárteles de Sinaloa, La Familia y los Zetas, tres de los más poderosos, pueden ser desde ahora embargados y decomisados en ese país.
Las secretarias de Estado, Hillary Clinton, y de Seguridad Interior, Janet Napolitano habían visitado México en marzo pasado como avanzada para acercar posiciones, que resultaron en el reconocimiento estadounidense de que la lucha contra el narcotráfico es una responsabilidad compartida.
El gobierno de México quiere que Washington se haga cargo de la parte que le toca: el abastecimiento de armas del crimen organizado en Estados Unidos, país que es a la vez el mayor mercado mundial de consumo de cocaína.
«El mayor poder dado al crimen organizado a través de las armas viene de Estados Unidos. Desde 2006 hemos decomisado 27.000 armas, entre las que hay desde lanzamisiles hasta 2.500 granadas, e incluso hemos encontrado uniformes y armas del Ejército estadounidense», dijo el presidente Felipe Calderón en marzo pasado en una entrevista con la AFP.
Hillary Clinton tomó nota del reclamo y admitió que «de Estados Unidos proviene el 90% de las armas que usan los narcotraficantes en México».
Sin embargo, un alto funcionario de la DEA (agencia antidrogas estadounidense), Anthony Placido, reconoció el miércoles que el flujo de armas de Estados Unidos a México es un «problema complicado» de detener.
El martes, 48 horas antes de la visita de Obama, el Ejército mexicano presentó un arsenal de alto poder decomisado cerca de la frontera con Estados Unidos, con hasta una ametralladora antiaérea con capacidad para 800 disparos por minuto y que vulnera cualquier tipo de blindaje.
El arsenal confiscado es una muestra del alto poder de fuego que poseen las bandas de narcotraficantes, que además han escalado en los niveles de violencia con métodos como las decapitaciones, ejecuciones a mansalva y hasta cadáveres diluidos en ácido.
El gobierno de Calderón teme que sea en vano su estrategia de sacar a la calle a 36.000 militares para combatir el narcotráfico si no cuenta con un fuerte compromiso del lado estadounidense.
La guerra entre los cárteles de las drogas que se disputan el mercado local y el trasiego hacia Estados Unidos ha dejado 5.300 muertos en 2008 y más de 1.100 en lo que va de este año.
En las reuniones que mantendrán Obama y Calderón el jueves en la residencia presidencial de Los Pinos, también habrá espacio para dialogar sobre comercio e inmigración, dos de los temas permanentes y espinosos en la relación bilateral.
Obama ha expresado la intención de impulsar una reforma migratoria que permitiría obtener la ciudadanía estadounidense a los inmigrantes ilegales, la mayoría mexicanos.
Del total de 12 millones de mexicanos que radican en Estados Unidos, los indocumentados sumaban 4,8 millones en 2000, según un censo de 2003, mientras que organizaciones mexicanas de migración estiman que actualmente son entre 6 y 8 millones.
Con una frontera terrestre de más de 3.000 km, la más transitada del mundo, el comercio es uno de los ejes de la relación bilateral, que recientemente tuvo un capítulo sin precedentes cuando México impuso sanciones a Estados Unidos por incumplir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en materia de transporte.
México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá y China, y sólo el intercambio de bienes sumó 332.000 millones de dólares en 2006. En su breve estadía en México, el presidente estadounidense sostendrá una reunión a solas con Calderón y luego con ambas comitivas en Los Pinos, donde luego se realizará una conferencia de prensa, según la agenda. Por la noche el mandatario anfitrión ofrecerá una cena en honor del visitante.
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