Entrevista. La estudiante mexicana que sobrevivió al ataque de las tropas colombianas contra las FARC en Ecuador

Encuentro con Lucía Morett

Allí tuvimos oportunidad de conocer a Lucía Morett, la estudiante mexicana sobreviviente de la masacre perpetrada por tropas colombianas en el campamento de las FARC en territorio ecuatoriano el 1º de marzo de 2008.

El lector recuerda sin duda este episodio, que un año atrás dio la vuelta al mundo y llevó a la ruptura de relaciones de Ecuador con Colombia, que se mantiene al día de hoy. Las fuerzas armadas colombianas irrumpieron en la madrugada en ese territorio, ubicado en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos y muy próximo a la frontera, contando con aviones y helicópteros y una tecnología de punta proporcionada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Lo sometieron a un bombardeo despiadado y luego ingresaron los soldados para rematar a los sobrevivientes. Mataron a Raúl Reyes, el número 2 de las FARC, que estaba cumpliendo una misión de intercambio humanitario, llevada adelante con cooperación internacional y que procuraba la liberación de Ingrid Betancourt y de otros retenidos por la guerrilla. El total de muertos en el campamento alcanzó a 25.

Es en este punto que el relato de Lucía Morett cobra especial dramatismo. Estaba rodeada por sus compañeros muertos (algunos, como ella, estudiantes mexicanos) y con un arma apuntada a la cabeza. No sabe por qué azar sobrevivió. Escucharla es estar oyendo a alguien que regresó desde el borde de la muerte, que estuvo al filo de la desaparición. Sus ojos azules brillan con intensidad cuando describe las escenas de terror que presenció, paralizada, al ver a sus compañeros y a otros integrantes del campamento rematados con tiros de gracia. Luego describe con horror las torturas a que se sometió a los sobrevivientes, la vejación sexual a las muchachas heridas. Ella misma fue torturada durante horas, acosada sexualmente, hasta que recién al día siguiente llegaron los soldados ecuatorianos.

El resto de la historia es conocido. Fue curada en un sanatorio ecuatoriano, luego trasladada a Nicaragua ­por cuyo gobierno expresa un gran reconocimiento­ y finalmente devuelta a México. Pero aquí no terminan sus tribulaciones, porque debe responder ante la justicia mexicana por acusaciones de terrorismo.

Lucía Morett niega estas acusaciones de plano. Uno de los objetivos que se ha propuesto, a la vez, es denunciar la masacre de la que fue testigo presencial, perpetrada por las fuerzas armadas colombianas, y exigir el castigo a los culpables, entre los que señala en primer término al presidente Alvaro Uribe, al ministro de la Defensa Juan Manuel Santos y al general Padilla de León. Afirma con énfasis que el campamento de las FARC era de índole diplomática, no militar, y estaba dedicado a una operación de intercambio humanitario con sostén internacional. Replica a las afirmaciones del presidente Uribe, quien tildó a los estudiantes mexicanos de «terroristas», diciendo que ella estaba realizando una investigación in situ para sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la prestigiosa entidad de educación superior que bien conocemos y valoramos los uruguayos exilados que convivimos con ese pueblo fraterno en los años de la dictadura.

Agrega que también debe enfrentar la persecución del gobierno mexicano y acusaciones ante la justicia de su país, pero no lograrán acallar su voz y seguirá difundiendo su testimonio para que los culpables de este crimen atroz sean condenados.

Este planteo recibió apoyo unánime de los participantes en el encuentro internacional, representantes de partidos de izquierda de América, Europa y Asia. En diálogo particular, esta joven menuda, de apariencia frágil y convicciones profundas nos habló de sus preferencias en el arte teatral, mencionó especialmente a Brecht y estaba al tanto de la gran labor que realizó El Galpón en tierras mexicanas en los años del exilio.

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