ANALISIS INTERNACIONAL

IRAN: ¿CAMBIO O CONTINUISMO?

La retirada de Jatami, cede las esperanzas de apertura de la sociedad iraní a un hombre de la vieja guardia y abre muchas interrogantes. Mir Husein Musavi, creció bajo la mirada del líder de la revolución ayatolá Rujolá Jomeini.

El ex primer ministro es un aspirante que quiere aunar los ideales reformistas con las credenciales de la vieja guardia del férreo régimen teocrático. Una fórmula que, según la oposición iraní, podría ayudarlo a derrotar a los sectores más conservadores que apoyaron al actual presidente ultranacionalista.

Musavi, nacido en 1942, participó de forma activa en la revolución Jomeini, dirigió el Gobierno durante los duros años de la guerra con Irak y además es miembro del Consejo de Discernimiento, tercer órgano más importante de poder en Irán, que media entre en el Parlamento y el influyente Consejo de Guardianes.

Tras la revolución de 1979, Musavi fue primer ministro de 1981 a 1989, fecha en la que ese cargo fue suprimido por un cambio constitucional.

Fue el consejero en la sombra de los dos predecesores del presidente Ahmadinejad, el conservador pragmático Akbar Hachemi Rafsandjani (1989-1997) y el Jatami (1997-2005).

Sin embargo, Musavi tiene en su contra que lleva 20 años alejado de la vida política, lo que en un país tan joven como Irán significa que le conocen poco la mayoría de sus 45 millones de votantes. Es más que improbable, además, que el calificativo reformista encaje bien con Musavi, un conservador que, salvo conversión reciente, no cree en la economía abierta ni en los cambios relevantes. La base social del ex primer ministro Musavi está más próxima a la de Ahmadinejad que a la de Jatami, afirman exiliados iraníes en Europa.

La decisión de Jatami de bajarse de la carrera electoral no sorprendió a nadie. Muy valorado en el exterior, goza de menos prestigio en Irán, donde muchos de sus antiguos votantes le recriminan que perdiera la oportunidad de cambiar el país durante sus ocho años de Gobierno.

Los dos mandatos presidenciales que ocupó estuvieron marcados por intentos reformistas a menudo fracasados por la oposición de los conservadores. Los colaboradores más cercanos a Jatami admitían que el ex presidente abandonó la carrera porque dudaba de que pudiera movilizar al electorado como hizo en 1997, cuando ganó con el 70 por ciento de los votos.

Jatami perdió el apoyo de muchos reformistas al no oponerse a la represión contra los estudiantes en 1999, actitud que sus ex partidarios consideraron como una falta de valentía política.

Las promesas de Jatami de reformas sociales y económicas trajeron a la juventud iraní nuevos aires de libertad, la censura en la prensa no fue tan férrea y abrieron el país a las inversiones y a las relaciones con Occidente. Pero esa tendencia se invirtió con la llegada de Ahmadinejad a la Presidencia. Tras el triunfo de este último en 2005, Jatami guardó un prudente silencio en un primer momento antes de empezar a criticar la política económica, la retórica contra Occidente del ultraconservador y el apoyo implícito de Teherán a grupos terroristas de la región. La renuncia deja al cuadro progresista con dos contrincantes en carrera: Musavi y el ex presidente del Parlamento, Mehdi Karrubi.

Jatami era el candidato occidental para suceder al cuestionado Ahmadinejad, especialmente en una coyuntura en que la reformulación por Barack Obama de la política de Washington en Medio Oriente busca llegar a algún tipo de entendimiento que detenga las ambiciones nucleares de Teherán. Es poco probable, sin embargo, que la decisión del siempre vacilante Jatami ayude a los iraníes que quieren un régimen más abierto. Parece más probable que su sorprendente marcha atrás beneficie a Ahmadinejad y su aspiración de un régimen confesional islamista más férreo.

El presidente actual, que ha financiado a grupos terroristas y no ha dejado de proclamar que quiere eliminar a Israel del mapa y de que el Holocausto no existió, goza del apoyo del líder supremo Alí Jamenei, el ayatolá a quien corresponde la última palabra en todas las decisiones de Estado. Y Jamenei, que lleva 20 años controlando al frente de un tribunal clerical las instituciones y los poderes fundamentales del régimen, será un factor decisivo en las elecciones presidenciales de junio.

Los aspirantes deben presentar su candidatura entre el 5 y el 10 de mayo y el Consejo de Guardianes hará públicos los nombres en diez días. Los que puedan pasar el veto de los ayatolas, tendrán apenas un mes para convencer al indeciso y algo apático electorado iraní.

El clérigo Jatami se despidió de la carrera electoral con el deseo de que «los próximos comicios sean libres y limpios», en alusión a las irregularidades con que Ahmadinejad triunfó en 2005.

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