ANALISIS INTERNACIONAL

ELECCIONES, GAZA Y EL HOLOCAUSTO

Me referí a estos hechos en la nota «Los contabilizadores de la muerte» y en dos comentarios sobre las elecciones, y prometí mencionar al respecto las ideas expuestas por el presidente Lula en San Pablo el 27 de enero, Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto en el que participaba por cuarto año consecutivo, en presencia de FH Cardoso y el gobernador José Serra, el embajador de Israel, el arzobispo metropolitano, rabinos y representantes de las organizaciones judías, entre otros.

El presidente brasileño dijo que su gobierno fue co-patrocinador activo de diversas resoluciones de la ONU de condena al antisemitismo y de instauración del propio Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto. «Es preciso mantener vivo el recuerdo ­manifestó- para que nunca más se repita el asesinato en masa, el genocidio como ideología y la limpieza étnica como razón de Estado. El régimen nazi promovió la mutilación espiritual, la humillación moral, la ruina material y la eliminación física de millones de hombres, mujeres y niños. Victimó a judíos, comunistas, homosexuales, negros, gitanos, Testigos de Jehová y a todos los que consideró inferiores en la raza, el credo y el color. El Holocausto marcó el auge de la crueldad humana y configuró el mayor episodio de violencia y cobardía de nuestra historia, un episodio que nunca debería haber ocurrido y que nunca más puede volver a ocurrir». Recordó que según la Constitución brasileña para el crimen de racismo no rige la fianza ni la prescripción.

Señaló por otra parte que en su país existe profundo respeto por las diversas comunidades que integran la nación, y en particular que judíos y árabes, religiosos o no, conviven pacífica y armoniosamente (como nosotros lo podemos apreciar en nuestras fronteras), y en consecuencia Brasil puede valerse de esa convivencia pacífica para colaborar en la construcción de la paz, tema en el cual la diplomacia de su país tiene una larga tradición. A lo largo de seis décadas, el Estado brasileño ratificó todas las resoluciones internacionales cuyo objetivo era garantizar la coexistencia pacífica y segura de dos estados soberanos. Recientemente el canciller Celso Amorim fue enviado en misión especial con el objetivo de «apoyar los esfuerzos para el cese al fuego, el alivio de la situación humanitaria y el establecimiento de una paz duradera en la región», promoviendo en sus entrevistas con las autoridades de Siria, Israel, Palestina, Jordania y Egipto «la necesidad de evitar más muertes y el sufrimiento de las poblaciones civiles de ambas partes». El objetivo de restablecimiento de la paz en la región deberá basarse, según Lula, en «el reconocimiento del derecho de creación de un Estado palestino viable y de la existencia de Israel en condiciones de seguridad y soberanía». Agregó: «Brasil no acepta la escalada de violencia como solución a los conflictos. Lamentamos profundamente la muerte de civiles, mujeres y niños. Llamamos al pronto establecimiento de las condiciones que permitan reanudar la asistencia humanitaria a la población de Gaza y la tranquilidad para la población de Israel». Todo ello con la finalidad de que, lo más pronto posible, «la región viva una tregua consistente, que sea el preanuncio de una paz duradera». Todo lo cual sigue constituyendo el objetivo primordial en la hora presente, cargada de amenazas para la causa de la paz en la región.

A las mencionadas iniciativas diplomáticas Brasil ha agregado la ayuda humanitaria a la población de Gaza en alimentos, medicinas y otros. En las imágenes de los centros de recepción de ayuda de la ONU que fueron bombardeados por la aviación israelí en Gaza, vimos bolsas de productos con la bandera brasileña. Esto se hizo con discreción y eficacia. De la misma manera que Brasil sirvió a la causa de la paz en el conflicto colombiano, contribuyendo eficazmente a la reciente liberación de prisioneros retenidos por las FARC. Dos helicópteros y cinco pilotos brasileños participaron en la compleja operación rescate, que estuvo precedida por gestiones del ministro de Defensa brasileño Nelson Jobim y de emisarios de la Fuerza Aérea brasileña en Bogotá. Así lo señalan con reconocimiento los sectores colombianos empeñados en el intercambio humanitario a pesar de los obstáculos interpuestos por el gobierno de Uribe.

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