El líder mantiene su influencia
Un año después de su renuncia a la presidencia de Cuba, el líder comunista Fidel Castro hace sentir su voz en artículos de prensa y su influencia en el gobierno de su hermano Raúl, vigilando con celo el rumbo de su revolución.
Figura protagónica del siglo XX, querido por unos y despreciado por otros, Fidel Castro enfermó en julio de 2006 y, sin poder recuperarse, decidió hacer pública su renuncia a la reelección presidencial el 19 de febrero de 2008, poniendo fin a una era de casi medio siglo marcada por su fuerte liderazgo, bajo la cual nació el 70% de los 11 millones de cubanos. Recluido en un sitio secreto, el ex gobernante, de 82 años y quien tras renunciar se autoproclamó «soldado de las ideas», convalece de su padecimiento -tampoco revelado-, escribiendo, leyendo, bajo régimen de medicinas y ejercicios, tras una vida de un ritmo frenético.
Aunque con algunos ciclos de rumores sobre su salud, el último año dio señales de estabilidad: recibió a gobernantes como los de Rusia, China, Brasil, Chile, Argentina, Ecuador y Venezuela, y publicó regularmente artículos en la prensa, en los que comentó de política interna y exterior. Sin mostrarse en público desde que enfermó, Castro sólo se deja ver cuando recibe a dignatarios en fotos y videos que, junto con sus editoriales, son una especie de termómetro sobre su salud.
A comienzos de año se desató una ola de especulaciones porque guardó silencio por cinco semanas, escribió un corto mensaje por el 50 aniversario de la revolución el 1 de enero, no recibió a algunos presidentes, y, de remate, su aliado, el presidente venezolano Hugo Chávez, dijo que no aparecería más en público. Pero poco después volvió con cierto brío.
El 21 de enero recibió a la presidenta argentina Cristina Fernández y el pasado jueves a la chilena Michelle Bachelet, junto a quien apareció en cuatro fotos en la prensa cubana.
Aunque explicó que reduciría la frecuencia de artículos para «no interferir, ni estorbar» al gobierno de Raúl, en menos de un mes escribió ocho, algunos incluso controvertidos, como el que opinó a favor de Bolivia en el histórico diferendo marítimo con Chile.
En plena toma de funciones de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, quien se declaró proclive a un diálogo con Cuba, Castro le lanzó críticas, al señalarle que su política iba «perdiendo la virginidad».
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