PENOSA DERROTA DE LA IZQUIERDA
Tzipi Livni y su partido del Centro, Kadima, obtuvo una victoria simbólica, al ser el partido más numeroso con 28 bancas. Pero su precaria mayoría de un escaño sobre el Likud podría ser una victoria de Pirro, ya que no le sería nada fácil formar gobierno. En cambio, el triunfo de la derecha nacionalista no ofrece dudas, tanto por la excelente votación del Likud como por el hecho de que la fuerza emergente en estas elecciones es el partido «Israel, nuestro hogar» dirigido por el inmigrante de Moldavia, Avigdor Lieberman, un ex jefe de gabinete de Biniamin Netaniahu cuando éste fue Primer Ministro. Con 15 mandatos se ha convertido en el tercer partido, superando al Partido Laborista que solo obtuvo 13 escaños en la peor votación de su historia. Es cierto, como argumentó un líder de Kadima, el partido de Livni, que muchas de las posiciones de «Israel, nuestro hogar» no son de derecha. Por ejemplo, a diferencia de los colonos religiosos de Cisjordania, está a favor de la creación de un estado palestino. No está en la derecha en los polémicos temas de religión y estado, y no se opondría a un cambio substancial en el sistema electoral a lo que le tienen terror los pequeños partidos religiosos. Pero en cuestiones de política de seguridad, Lieberman es un halcón. No está conforme con la campaña de Gaza porque no aplastó a Hamas y considera que la eliminación de la organización islámica como fuerza beligerante es una meta esencial del Estado. Propone exigir a los árabes ciudadanos de Israel que firmen una declaración de lealtad a Israel, algo que los partidos de izquierda y centro consideran como una medida antidemocrática y totalmente contraproducente.
Por otra parte, si bien Lieberman, por razones tácticas, aún no ha declarado su apoyo a ninguno de los dos potenciales primeros ministros, Netaniahu y Livni, sería un milagro que no se defina por el primero, con quien tiene vínculos de amistad y una indudable afinidad ideológica. Es indudable que un gobierno de ambos no sería muy proclive a hacer demasiadas concesiones a los palestinos. Pero entre el Likud y el partido de Lieberman solo tendrían 42 escaños y para gobernar necesitan una mayoría de por lo menos 61 votos. Eso significa que tendrían que incorporar otros partidos de derecha y religiosos al gabinete. No tienen problema en hacerlo ya que el bloque de derecha en conjunto tiene 65 escaños contra 55 del centro y la izquierda ( contando a los partidos árabes). Pero una cosa es la teoría, otra la práctica. Para formar gobierno deberá someterse a los caprichos de distintos pequeños partidos, con intereses contradictorios, lo que, como ya se probó en el pasado es una receta para gobiernos de muy corta vida. Mientras no se conozca el recuento definitivo de los votos, todas las conclusiones políticas realizadas por los analistas tienen un carácter provisorio. El escrutinio definitivo podría aumentar la ventaja de Livni o dar definitivamente el primer lugar a Netaniahu, lo que terminaría con las chances de Kadima de formar gobierno.
Pero más allá de la puja entre los dos primeros partidos, el resultado más claro y notorio de esta contienda es la penosa derrota de la izquierda y el movimiento obrero israelí. El Partido Laborista, heredero del Partido de Ben Gurion, Golda Meír e Itzjak Rabin, que durante décadas antes de la creación del estado tuvo clara hegemonía en el país y durante 29 años fue el indiscutido partido mayoritario, fue relegado a un humillante cuarto lugar. Su aliado-rival tradicional, Meretz, de extracción marxista y fuerte arraigo en el movimiento de los kibutzim (colonias colectivas) sufrió una derrota igualmente significativa al obtener solo tres mandatos.
¿Porqué? Las hipótesis planteadas en la prensa israelí son infinitas. Pero las que parecen más ajustadas a la realidad son las que consideran que la oscilación entre derecha e izquierda en el panorama político israelí es un barómetro del conflicto árabe-israelí. Cuando el panorama es optimista y parecen aumentar las chances de la paz avanza la izquierda, cuando hay desilusión con la contraparte árabe, crece el apoyo a la derecha.
A mi juicio, uno de los mejores artículos sobre las elecciones fue el del profesor canadiense Gil Troy en el «Jerusalem Post» quien en un sutil análisis titulado «Un Día del Perdón para la izquierda» escribió entre otros conceptos : «Trágicamente, ni el proceso de paz de Oslo ni el abandono de Gaza produjo los resultados deseados. Muchos israelíes sintieron que cuanto mayores eran los riesgos asumidos por la paz, mayor era su sufrimiento y mayor la desaprobación del mundo. Naturalmente, Israel cometió errores. Pero cualesquiera que éstos sean, palidecen en comparación con las desilusiones sufridas : las concesiones de Oslo alentaron a los terroristas a asesinar a más de 1000 personas ; la salida de Gaza, envalentonó a los terroristas a disparar miles de cohetes contra el Sur israelí. Pero cuando finalmente Israel decidió defenderse, el coro mundial de condena fue tan intenso que produjo una oleada de antisemitismo.»
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad