POR EL INTERCAMBIO HUMANITARIO
Esta resistencia obstinada, representada principalmente por el presidente y el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, se expresó durante el operativo mismo y puso en peligro la vida de los secuestrados y de los participantes en la gestión humanitaria. Está probado que varios aviones militares sobrevolaron la zona durante su transcurso, violando los acuerdos alcanzados por la senadora Piedad Córdoba y el comisionado para la paz Luis Carlos Restrepo. El gobierno lo reconoció a texto expreso, dijo a través del ministro de Defensa que había sido «un error de buena fe» (sic) y arrojó el fardo sobre el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla. En una situación de extrema tensión, el jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Christophe Beney, increpó duramente al ministro Santos a ese respecto. También fue denunciado por el periodista Daniel Samper Pisano, que viajó en uno de los helicópteros brasileños junto a los garantes, declarando ante radio Caracol: «El gobierno cometió una transgresión muy grave de las normas de protocolo de seguridad con los sobrevuelos de aviones de la Fuerza Aérea sobre el área de las liberaciones. Eso no se le pasa por la cabeza a nadie».
El ex gobernador Alan Jara fue aun más lejos, en declaraciones contundentes contra la política general de Uribe, apenas liberado en su natal Villavicencio. «Siento que el presidente Uribe no ha hecho nada por nuestra libertad» y que su política «no ha ayudado para nada a que se produzca el canje de rehenes por rebeldes presos», aseveró, para rematar con esta sentencia: «Pareciera que al presidente Uribe le conviene la situación de guerra del país». En ese sentido advirtió que los operativos militares para rescatar a los cautivos equivalen a «una sentencia de muerte» y que la única solución es «el canje humanitario y una salida política negociada». En sus palabras: «La prioridad es el acuerdo humanitario para rescatar a los que aún quedan en la selva». Lo dijo junto a su esposa Claudia y a su joven hijo del que había estado separado durante siete años.
Pero hay más. El hostigamiento militar también fue denunciado por otro periodista que viajó junto a la comisión de buena voluntad, Jorge Enrique Botero, ex director informativo de Telesur. Contra ambos periodistas el presidente Uribe se despachó en un tono de extrema agresividad y con el rostro desencajado, acusándolos de ser «publicistas del terrorismo». Nos costaba creer lo que estábamos viendo en la pantalla, un presidente desorbitado e histérico, que además dio orden inmediata de retirar a todo el grupo de Colombianos por la Paz, aunque después rectificó en lo que respecta a la senadora. De paso sea dicho, uno de los hechos más reconfortantes y aleccionadores de todo el episodio es el reconocimiento, el cariño y la sensibilidad humana con que todos los rescatados se refirieron públicamente a Piedad Córdoba y a su papel, mientras ella compartía discretamente la emoción de los reencuentros.
Los periodistas denigrados por Uribe respondieron con firmeza y dignidad profesional. Se les sumó el notable testimonio del colega independiente Hollman Morris, que llegó el día 1º al Caquetá con su camarógrafo y un colega del semanario Voz y entrevistó al soldado Mondragón, el primer liberado. Los tres testimonios mencionados pasan a integrar la mejor historia de la defensa de la libertad de prensa en situaciones críticas. Morris, que también confirmó el vuelo de los aviones militares, subrayó la peligrosidad de las declaraciones de Uribe (que calificó de «cínicas») y dijo que él había recibido medio centenar de amenazas de muerte. Esto en Colombia es algo extremadamente serio. En reportaje por Telesur, el viernes, agregó que por parte de una patrulla y en un retén militar lo presionaron para que entregara la documentación gráfica recogida, a lo que se negó, hasta que logró zafar y llegar a Villavicencio en el helicóptero. Esa misma noche oímos extensas declaraciones de Sigifredo López desde Cali, en las que insistió en el intercambio humanitario como única solución para un conflicto armado que se extiende desde hace 45 años.
Eso es, lo reiteramos, lo que está más que nunca al orden del día inmediato.
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