Pese a la tensión del debate previo, la jornada se desarrolló en calma
«Ha habido un clima de tranquilidad», afirmó a media jornada el ministro de Gobierno (Interior), Alfredo Rada, máximo responsable de la seguridad interna, al hacer un primer balance sobre la jornada democrática, para la que fueron llamados a participar unos 3,9 millones de personas mayores de 18 años.
La versión fue corroborada por la misión de la OEA que en un documento llamó «a la ciudadanía a seguir cumpliendo con su deber cívico en el clima de tranquilidad y respeto, evidenciado durante el desarrollo de lo que va de esta jornada electoral».
Según Rada, los únicos incidentes aislados tenían que ver con denuncias de inducción al voto en tres regiones del país.
La jornada transcurrió pacíficamente en La Paz y la vecina ciudad El Alto, la mayor concentración urbana de Bolivia donde están inscritos 1,3 millones de votantes (un tercio de los electores). Ese es el gran bastión electoral de Morales.
La inédita votación para aprobar o rechazar la nueva Carta Magna provocó reacciones diferentes en barrios pobres o acomodados de La Paz, sobre el grado de comprensión de la papeleta de voto: una hoja con dos preguntas del ‘Sí’ o el ‘No’ a la nueva ley, y sobre la extensión máxima de las tierras agrícolas privadas (5.000 o 10.000 hectáreas).
En zonas pobres, como la de Vino Tinto, en la ladera este de la capital, los responsables de mesas de votación tenían problemas para explicar a la gente la característica de la papeleta, pues la población estaba acostumbrada a votar en papeletas multicolores para elegir al presidente desde 1982, cuando los militares entregaron el poder a los civiles.
«Nos han hecho preguntas sobre cómo votar», afirmó a la AFP, Nadia Flora, presidenta de una mesa de sufragio en la escuela Ricardo Jaimes Freire, una zona donde el presidente Morales es idolatrado.
El panorama parecía diametralmente opuesto en el colegio Franco-Boliviano, en el exclusivo barrio de Achumani, al sur de la ciudad.
«La gente llega informada, ya saben cómo votar», declaró a la AFP Vania Rueda, de 20 años, presidenta de mesa en un centro de votación donde el gobernante Morales es resistido.
Las diferencias en Bolivia sobre el respaldo o rechazo hacia la nueva Constitución se centraron en dos discursos: el que enarboló el presidente Morales de apoyo a la norma, y el de los prefectos de cinco de las nueve regiones del país que la rechazaban.
Para Morales, el primer aymara en llegar a la presidencia, la aplicación de la ley fundamental permitirá encaminar al país hacia «una justicia social», porque se logrará la incorporación plena de los indígenas en la toma de decisiones públicas.
Para los opositores, como el prefecto Rubén Costas, líder de Santa Cruz, la región más rica del país y bastión de los rebeldes, la nueva ley fundamental tiene características prorroguistas a favor de Morales, porque está influida por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, firme aliado ideológico del gobierno de La Paz.
«Hay que refundar Bolivia con la participación de todos», sostuvo por su parte el presidente Evo Morales, para quien su país es actualmente «muy diferente al que recibí tras veinte años de neoliberalismo».
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