OPINION INTERNACIONAL

ALGO NUEVO BAJO EL SOL

El solo hecho de que Obama se haya lanzado a esa carrera con obstáculos, que al principio parecían insuperables, revela que tenía un buen pulso de la sociedad y supo captar esa aspiración al cambio latente en el seno de grandes sectores. A la vez, su elección la hace aflorar al primer plano e infunde esperanzas a decenas de millones de ciudadanos negros, blancos y latinos. Curioso: en el discurso de investidura dijo que la esperanza venció al miedo, el mismo lema de Lula.

Las primeras decisiones adoptadas son auspiciosas. A comenzar por el cierre del centro de detención y tortura de la base de Guantánamo en el plazo de un año. Raúl Castro reclamó de inmediato el cierre de la propia base naval, en territorio usurpado a Cuba desde hace más de un siglo. Correlativamente, decidió poner fin a las torturas en los interrogatorios y la clausura de los centros de detención clandestinas de la CIA. Ordenó a los mandos militares preparar la salida de las tropas de EEUU de Irak en un plazo de 16 meses y aumentar los efectivos en Afganistán. De esta manera, como se escribió, «Obama atacó los símbolos de la era Bush». El presidente declaró: «El mensaje que enviamos al mundo es que Estados Unidos tiene la intención de continuar el combate entablado contra la violencia y el terrorismo, y que lo haremos respetando nuestros valores y nuestros ideales». Otras medidas adoptadas se refieren a la congelación de salarios de los funcionarios de la Casa Blanca, reglas para limitar las gestiones de los lobbystas y la promesa de una información pronta y transparente desde la Casa Blanca.

El jueves, Obama concurrió al Departamento de Estado conjuntamente con Hillary Clinton, recién votada la venia del Senado. Fundamentó su decisión de destinar enviados especiales a Afganistán y Pakistán, y a Irak, y de involucrarse personalmente en el conflicto palestino-israelí, habiéndose puesto en contacto con gobernantes de la región apenas asumió. Su versión sobre este último tema fue completamente unilateral. Mencionó una y otra vez los cohetes de Hamas y no dijo una palabra de las masacres y las destrucciones perpetradas por Israel en la franja de Gaza, de sus crímenes de lesa humanidad. Se limitó a reclamarle la apertura de los pasos de frontera para que pueda llegar la ayuda humanitaria, en momentos en que la ONU se propone tomar en sus manos la gran tarea de la reconstrucción de una región arrasada.

Veamos ahora cómo se ubican en EEUU los sectores que construyeron la victoria. Un caso paradigmático es el de Michael Moore, con sus películas, su prédica, su militancia por todas las vías, su blog. Allí dice: «¡Qué día feliz! Luego de atravesar la Edad Media, aquí estamos, en uno de los momentos con mayor carga emotiva que la historia haya presenciado. Barack Obama es nuestra esperanza más grande para tratar de hacer las cosas bien, para tratar de curar el alma de este país y para tender una mano al resto del mundo que contenga un ramo de olivo en lugar de un garrote». Luego hace un cálido elogio a quienes militaron en todas las formas, «que escribieron cartas y marcharon por la paz en todas partes del mundo: ustedes son los héroes». Y por último, un llamado: «No dejemos a Obama solo para arreglar tremendo lío. El ya tomó juramento: tomemos uno todos nosotros para tratar de trabajar más duro y así poner fin a estas guerras, implementar un servicio de salud gratuito y universal, salvar al planeta combatiendo el cambio climático, terminar con la pobreza, mejorar la educación y, además, recuperar nuestro gobierno para que éste sea de y para el pueblo, en lugar de y para los lobbystas, banqueros y vendedores de armas». Siento que ésta es la tónica de quienes de una u otra manera fueron los hacedores del cambio que ahora se perfila.

En el plano internacional, el presidente de Brasil instó a Obama a encontrar «soluciones urgentes y profundas a la grave crisis financiera y económica que, originada en el mundo desarrollado, amenaza a los países en desarrollo». Lula subraya en su misiva que las naciones sudamericanas «supieron reconstruir, en los últimos años, sus economías, con innegables éxitos sociales y políticos», hoy amenazados por la crisis global, y que «ese esfuerzo de millones de hombres y mujeres no puede ser frustrado».

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