ANALISIS INTERNACIONAL

EN LA ULTIMA FRONTERA

El antiisraelí eje Irán, Siria, Hezbolá y Hamas, involucrado en muchos de los conflictos de la explosiva e inestable región, es evidente y parte de la estrategia expansionista de Teherán, que se ha consolidado como un centro de poder regional relevante. Como lo dijo el presidente, Mahmoud Ahmadineyad, Teherán busca una base para convertirse en «un poder global invencible… tan pronto como consiga tecnología avanzada». El desarrollo nuclear va en esa línea.

Hamas es una de sus piezas claves para ese objetivo. Las relaciones entre Irán y Hamas se formalizaron en octubre de 1992, cuando una delegación del grupo islamista, presidida por el entonces secretario general, Musa Abu-Marzuq, visitó Teherán para mantener conversaciones. Irán permitió a Hamas abrir una oficina en Teherán y otorgó millones de dólares al año para la organización, y acordó que la Guardia Revolucionaria entrenara a miles de milicianos de Hamas en Irán y en los campos de Hezbolá en Líbano.

A partir de ese acuerdo, se sucederían una serie de periódicas conferencias organizadas por el gobierno iraní para apoyar la causa palestina y contra los acuerdos de paz, con la presencia de Hamas y de la Yihad Islámica, entre otros. Un informe de inteligencia de 1994 indicó que Irán había proporcionado millones de dólares al año tanto a Hamas como a la Yihad Islámica, para que mil familias de terroristas suicidas palestinos o detenidos de ambas organizaciones, recibieron pagos mensuales regulares. Otro informe de inteligencia con fecha de 10 de diciembre de 2000 y firmado por Amin al-Hindi, jefe de los servicios de inteligencia de la Autoridad Nacional Palestina, describía la transferencia de fondos de Irán a Hamas y a otras organizaciones contrarias a Fatah. Así se fue forjando y consolidando esta alianza entre chiíes y sunitas que tiene como objetivo primario la destrucción de Israel.

Hamas, inspirado en los extremistas Hermanos Musulmanes, se convirtió en un elemento capital para los ayatolas chiitas, ya que es el único miembro suní de esa coalición. La Siria suní está actualmente dirigida por un régimen chií-alawí. El Hezbolá libanés, inspirado en la Guardia Revolucionaria, responde directamente a Teherán.

El afianzamiento y la victoria de Hamas en la franja de Gaza no sólo será un problema para los israelíes, también representa una amenaza para los palestinos moderados de Fatah en Cisjordania, y afecta la estabilidad y la supervivencia de los regímenes ­también moderados­ de Jordania y Egipto. Ese escenario le permitiría a Teherán consolidar sus aspiraciones hegemónicas.

Israel se ha convertido, de hecho, en la última línea de batalla. En la última frontera, entre las aspiraciones de Irán y su enfrentamiento con Occidente. La guerra contra el grupo terrorista Hamas es parte de esa batalla, que transita entre la lucha ideológica y la militar. Los ayatolas lo saben. «Todos los combatientes palestinos y los creyentes del mundo islámico deberían ayudar a las mujeres y niños palestinos indefensos en Gaza. Cualquiera que muera en la defensa de esta causa legítima y sagrada es un mártir», sentenció Ali Jamenei.

Mohammad Hassan Alaghemand, un responsable del movimiento estudiantil Basij, anunció la creación, en Irán, de una organización de «buscadores de martirio» llamada «Brigadas de las Fuerzas del Profeta de Dios Mahoma ­ Las unidades de Quds Esteshhad», e invitó a aquellos estudiantes que deseasen unirse, a registrarse en las oficinas del movimiento juvenil Basij por todo el país, o en su página en Internet, www.esteshhadi.com. La agencia iraní de noticias Fars informó que más de 20.000 estudiantes iraníes se habían registrado en la página web, para ser enviados a Gaza si fuera necesario.

Cada uno de los movimientos de Hamas ­desde su campaña de morteros y misiles contra Israel, pasando por su acumulación de armamento, la humillación política y militar a Fatah, y sus tácticas­, han sido extraídas directamente de Hezbolá. Y Hezbolá es el hijo político-militar concebido por Irán. La lucha de Hezbolá durante dieciocho años en Líbano proporcionó un modelo que Teherán desea recrear en Cisjordania y la franja de Gaza. En el medio, y recibiendo los cohetes y los atentados, está Israel.

Teherán gravita e interviene en los conflictos de Oriente Medio. En 2006, la lucha de Israel contra Hezbolá fue un combate por persona interpuesta con los iraníes. Hoy se repite la situación en otra frontera israelí. Teherán está a las puertas de Israel en el sur con Hamas, al igual que lo sigue estando en el norte con Hezbolá.

Irán se ha convertido en un centro de poder impredecible desde que la revolución islámica triunfó en la década del setenta. Pero tiene un objetivo claro, al igual que sus aliados del eje: la destrucción de Israel.

Ahmadineyad nunca ocultó sus intenciones. La yihad protagonizada por Hezbolá y por las organizaciones palestinas terroristas, es un componente esencial de la yihad global contra Occidente. Y, en la primera línea de fuego, están Israel y Estados Unidos. «Palestina es el centro de las etapas finales de la batalla entre el Islam y la Arrogancia», afirmó el mandatario persa.

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