OPINION INTERNACIONAL

LA TERCERA FASE DE LA INVASION

Y sembrarlas en las filas contrarias, podría agregarse. Las informaciones de fuente israelí agregan que en la reunión de gabinete el primer ministro Ehud Olmert (que está de salida tras las elecciones del 10 de febrero) era el más «enragé» en proseguir las operaciones militares hasta terminar con Hamas. Se convocó a millares de reservistas bajo banderas y se fijó otra reunión del gabinete de seguridad para fin de semana. Mientras tanto, la masacre continúa.

En la reunión del martes del Consejo de Seguridad de la ONU ampliado a los países de la región, se logró apenas una tregua de tres horas diarias. Pero el miércoles, apenas terminó el plazo, la ciudad de Rafah, en el sur, sufrió una serie de bombardeos concentrados, que destruyeron un conjunto de casas, una mezquita y (según un comunicado del Tsahal) una quincena de túneles en dirección a Egipto. Una columna de tanques apoyada por helicópteros penetró en dirección a la ciudad de Khan Yunis, al tiempo que se intensificaron los bombardeos en el norte de la ciudad de Gaza. Así es como se cumple la tregua. Por añadidura, The Times de Londres denunció que Israel utiliza bomba de fósforo blanco, basándose en fotos de prensa que muestran stocks de municiones del ejército israelí tomadas la semana pasada en la frontera con Gaza. Sobre esos obuses aparece la mención M825A1, que designa las municiones con fósforo blanco de fabricación norteamericana. El rotativo afirma que tiene pruebas de que civiles palestinos han sido heridos por esas municiones, que provocan graves heridas. En Faluya, en Irak, los yankis hicieron lo mismo.

Ayer jueves dos representantes del gobierno israelí concurrieron a El Cairo, entre ellos Amos Gilad, consejero político del ministro de la Defensa Ehud Barak (otro de los concurrentes a las elecciones del 10 de febrero por el laborismo, que aspira a aumentar sus posibilidades con la guerra sin cuartel). Se trataba de poner en marcha el plan franco-egipcio que apunta a un cese al fuego duradero y al establecimiento de un corredor que facilite la ayuda humanitaria. Ello es más necesario que nunca cuando organismos de la ONU, como la UNRWA, anuncian que «la crisis humanitaria es total en Gaza». Pero para el gobierno de Israel, ésta es una simple maniobra diversionista. Corresponsales de Le Monde dicen que «Israel se muestra sumamente reticente al levantamiento del bloqueo» y que desea mantener «absolutamente impermeable» la frontera con Egipto. Y en Erez, en el norte, también. Ayer mismo, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) acusó a Israel de no respetar el derecho humanitario internacional al impedir la circulación de ambulancias en la franja de Gaza.

A todo esto, se han publicado cifras impactantes sobre las muertes provocadas a los 12 días de la invasión a Gaza. Las tenemos a la vista, bajo el título de: La brutalidad de las cifras. En la mañana del jueves 8 se había alcanzado según fuentes palestinas los 700 muertos. La oficina de Naciones Unidas para asuntos humanitarios elevaba la cifra en la víspera de ese día a 683 muertos, de los cuales 43 en la escuela de la ONU bombardeada el martes 6. Según una organización israelí de defensa de los Derechos Humanos, llamada B’tselem, esa cifra de muertos en 12 días equivale ya al total de los muertos provocados durante los tres primeros años de la primera Intifada en todos los territorios palestinos, comprendida Jerusalén Este, desde 1987 a 1990. En vísperas de la invasión a Gaza, los muertos palestinos a manos del ejército israelí desde el comienzo de la segunda Intifada se elevaban a 3990 en Gaza y 1791 en Cisjordania. El conocido militante pacifista israelí Michel Warschawsky (que conocimos en reuniones del Foro Social Mundial) estima que el sostén masivo de la opinión pública de su país al operativo militar comienza a erosionarse desde que aparecen las primeras bajas en el ejército (ocho a esta altura) y que es presumible un cambio gradual hacia un cese al fuego.

El periodismo internacional de todas las tendencias ha expresado su indignación porque no se le permite realizar su trabajo en la zona de conflicto y ha sido rechazado con brutalidad por los mandos militares. Lo dijimos y lo repetimos: no quieren que se documenten sus crímenes.

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