Conflicto. El territorio quedó dividido tras la incursión de las tropas israelíes

La Franja de Gaza se hunde cada vez más en el infierno

Después de una semana de ataques aéreos, los disparos de artillería llegan a la Franja de Gaza por tierra y mar.

La ciudad de Gaza, en la que viven más de 500.000 habitantes, está casi rodeada de tanques y carece de agua, electricidad y alimentos.

Las agencias de la ONU ­el Programa Alimentario Mundial (PAM) y la Agencia de la ONU para la Ayuda a los Refugiados Palestinos (Unrwa)­ tienen muchas dificultades para distribuir víveres por culpa de los combates y los bombardeos.

El territorio está cortado en dos por las tropas israelíes que han tomado posiciones donde antes había una colonia judía en Netzarim, e impiden los desplazamientos entre el norte y el sur del territorio, controlado por el movimiento islamista Hamas desde junio de 2007.

Cuando comienzan las explosiones en las calles vacías, al caos general se unen los gritos y llantos de los niños que se oyen desde las casas palestinas.

«Muchos niños han dejado de comer. Están apáticos y casi no hablan. Están pegados a sus padres día y noche», explica Sajy al Mughani, un trabajador del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

«Los niños viven con miedo a la oscuridad» por la falta de electricidad, añade.

Al igual que muchos habitantes de la Franja de Gaza, un territorio superpoblado donde están hacinadas un millón y medio de personas, Sajy vive en un apartamento, en el oeste de la ciudad de Gaza, cuyos cristales se han roto por las incesantes explosiones.

Las noches son muy frías, dice. «Tenemos que llevar muchas capas de ropa», añade.

En los hospitales de Gaza falta de todo: las urgencias están llenas de heridos y el suelo está cubierto de sangre.

Desde el principio de la ofensiva, que ayer lunes entraba en su décimo día, han muerto 537 personas, entre ellas numerosos civiles, y más de 2.500 han resultado heridas.

Las amputaciones de heridos se multiplican por la falta de equipos médicos y medicamentos, señalan fuentes hospitalarias. Muchas personas han muerto porque no han podido ser atendidas a tiempo.

Frente a esta situación, el temor de Sajy es que su mujer, embarazada de nueve meses, no pueda dar a luz en condiciones correctas.

«Me preocupa mucho. Es muy difícil conseguir una ambulancia, todas están ocupadas por los heridos», dice.

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