LA ESTAFA DEL SIGLO
Se destaca ante todo la magnitud de las cifras. A primera vista el fraude alcanza a 50 mil millones de dólares. El benemérito Mr. Bernard L. Madoff («en Wall Street su nombre es legendario», según The New York Times) estuvo montando su mecanismo de estafa en forma sistemática y continua durante diez años por lo menos. Nunca ningún organismo de control le hizo la mínima observación. ¿O será que el sistema está diseñado para funcionar de esta manera? Porque no es el primero, por cierto, que cae en la volteada después de haber edificado fortunas gigantescas y dejado (como es el caso actual) un tendal de damnificados que lo han perdido todo. Algunos de esos capitostes están presos, pero no ocurre lo mismo con Madoff, que yo sepa, porque el FBI y la Comisión de Valores (que recién ahora entran en escena) dicen que está colaborando.
Veamos quién es el personaje y de dónde proviene. Fue presidente de la Bolsa electrónica Nasdaq, la misma que vemos todos los días (junto a Dow Jones y Stanley&Poors) con sus índices y pronósticos sobre la marcha de la economía, que por lo visto no le sirvieron para diagnosticar la suerte de la propia empresa que fundó después, la Bernard L. Madoff Investment Securities LLC.
Aquí vale la pena recordar que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, que todos estos días acapara la pantalla, fue presidente de la banca Goldman Sachs, que también anda tecleando.
El mecanismo de extorsión, que se fue montando pieza por pieza a lo largo de los años y engatusando más incautos consistía básicamente en una pirámide, en la cual los inversores reciben una ganancia extraordinaria, del orden del 10% al 12% anual, que sale de los fondos que los mismos clientes y otros nuevos van aportando. Es la calesita perfecta. Es el mismo sistema que se hizo funcionar durante años a lo largo de toda Colombia, con la plena aquiescencia del gobierno de Uribe, y que estalló ahora, dejando millares de ahorristas en la calle y provocando escenas de violenta protesta e incendio de los locales de la empresa estafadora. El sistema funciona siempre y cuando el monto del dinero que sale no sea mayor al que ingresa. Elemental, Watson.
Ya lo veremos.
En el caso, Madoff había sido recaudador de fondos del Partido Demócrata y de numerosas organizaciones judías de Estados Unidos. Entre las corporaciones perjudicadas figuran la entidad financiera japonesa Nomura y la empresaria británica Nicola Horlick, conocida en el mundo de las finanzas como «la mujer maravilla» y que perdió al menos 10 millones de dólares. Una entidad caritativa judía que había colocado sus 7 millones de dólares en manos de Madoff, al enterarse de la noticia el día en que se desencadenó la catástrofe, el viernes 12, echó a todo su personal. Stephen Weiss, abogado de un grupo de inversores, dijo que la mayoría había colocado allí los ahorros de toda su vida y que «esta gente está desesperada, muchos ya quedaron en la indigencia».
Uno de ellos se suicidó. Organizaciones judías y varios rabinos hicieron públicas durísimas críticas a Madoff, publicadas en una extensa nota en The New York Times, ya que entre los damnificados figuran varias instituciones educativas y humanitarias de dicha colectividad (una de las cuales lleva el nombre de Elie Wiesel) y que «perdieron fortunas en sus inversiones».
El derrumbe de la pirámide comenzó alrededor de mediados de mes, cuando Madoff declaró a dos de sus colegas que varios clientes, alertados sin duda de la situación, quisieron retirar una cifra del orden de 7 millones de dólares, y que él estaba procurando conseguir dicha suma. Dos días después se declaró vencido. Los reunió en su departamento reservado en un piso separado del resto de las oficinas (estilo Peirano Facio, a otra escala), les dijo que estaba liquidado, que no le quedaba ni un centavo (¿no habrá dejado nada en resguardo, ningún paracaídas dorado como sus colegas de los bancos quebrados?) y que toda su empresa «no era más que una gran mentira». Lo recoge The Independent de Londres.
El episodio amerita este comentario: «Como sucedió con la caída del Lehman Brothers, del American International Group (AIG, seguros) y otras instituciones aparentemente invulnerables, los problemas de Madoff son sintomáticos del descontrol generalizado, el sobredimensionamiento y la codicia que anida en Wall Street». Vuelve la pregunta: ¿No será esa la forma de funcionamiento del propio sistema?
Compartí tu opinión con toda la comunidad