En Moscú, cuando León Trotsky fue expulsado de la URSS
El gobierno de la Unión Soviética, encabezado por José Stalin, ha resuelto hoy desterrar al ex dirigente revolucionario León Trotsky.
Después de haber sido expulsado del PCUS en diciembre de 1927, el organizador del Ejército Rojo había sido deportado a la localidad de Alma Ata, en el Asia Central. Allí vivió recluido con su familia, aislado y al margen de toda actividad política.
Como se recordará, a la muerte del líder Vladimir Illich Ulianov (Lenin), ocurrida hace cinco años, muchas figuras distinguidas, lugartenientes del jefe revolucionario, se trenzaron en una lucha sorda pero feroz para heredar el poder. Stalin, Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, entre otros, se disputaron durante estos últimos años la conducción del enorme ex imperio ruso. Además de las ambiciones personales y del apetito de poder, hay también fuertes diferencias ideológicas y estratégicas que enfrentan a estos dirigentes revolucionarios. La más notoria estriba en si la revolución debe afirmarse primero en un solo país para luego expandirse a todo el globo –como sostiene Stalin– o si por el contrario, –es el punto de vista de Trotsky– la revolución debe ser permanente, con una fuerte impronta internacionalista.
La personalidad y la astucia de José Stalin parecen haber triunfado definitivamente, y hoy León Trotsky deberá abandonar territorio soviético; se rumorea que será trasladado a la frontera con Turquía.
Andando por la Plaza Roja, nuestro corresponsal pudo leer inscripciones favorables a Trotsky en las paredes del Kremlin: «Abajo el enterrador de la revolución socialista. Viva Trotsky», «La revolución es permanente o no es revolución» y otras consignas por el estilo que señalan claramente que la doctrina del hoy caído en desgracia no está muerta.
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