OPINION INTERNACIONAL

ROMPIENDO EL BLOQUEO

Conviene recordar esa larga historia, para medir el camino recorrido por la joven revolución en su enfrentamiento a una decena de gobiernos de EEUU. En agosto de 1961, el Che denunciaba en la conferencia del CIES en Punta del Este los planes yankis para afirmar, Alianza para el Progreso mediante, su dominio incompartido en el continente y aislar a Cuba. El intento se renovó en mayor escala en la citada Conferencia de Cancilleres, en la cual asistimos durante dos semanas a las grotescas maniobras de trastienda de la delegación de EEUU para conseguir los 14 votos (dos tercios de los 21 miembros con que contaba entonces el organismo) para expulsar de su seno a Cuba, lo cual lograron finalmente, a pesar de la oposición de Brasil, Chile, Ecuador y otros países, comprando el voto de Haití. Era el Haití de la dictadura de Duvalier, y se sabe exactamente cuánto se pagó y lo que se embolsó el representante del régimen. François Duvalier (Papa Doc) había sido aupado al gobierno en 1957 por EEUU (que años antes había ocupado militarmente la isla), y en 1964 se declaró presidente vitalicio. El canciller uruguayo Homero Martínez Montero y el primer gobierno colegiado de mayoría blanca se prestaron a esta infamia. A pesar de la presión ejercida por EEUU, Uruguay tardó dos años en decretar la ruptura, debido al impacto de las movilizaciones del Comité de Solidaridad con Cuba que extendió su acción a todo el país, con gran arraigo entre el pueblo. El día de la ruptura, en un gran acto frente a la Casa de Gobierno, los legisladores Enrique Rodríguez y José Pedro Cardoso hicieron trizas desde la tribuna el decreto que lleva la firma de Washington Beltrán (presidente de turno del segundo gobierno colegiado de mayoría blanca), declararon que era nulo y sin valor y que allí mismo se lanzaba la campaña por la reanudación de las relaciones. En el Congreso del Frente Amplio encontramos veteranos militantes que rememoraban esas jornadas vibrantes bajo la consigna de «¡Cuba sí, yankis no!».

En los años siguientes, la mayoría de los países restablecieron sus relaciones con Cuba. En algún caso, como el de Uruguay, se volvieron a interrumpir en forma temporal bajo el gobierno de Jorge Batlle, y el primer acto del gobierno que le sucedió, presidido por Tabaré Vázquez, fue restablecer dichas relaciones. Es muy revelador el hecho de que, en la actualidad, el único país latinoamericano y caribeño que no tiene relaciones con Cuba es El Salvador, que bajo el gobierno derechista de Arena es a la vez el único del continente con tropas en Irak. Ya expresamos nuestra convicción de que un gobierno del FMLN, la antigua fuerza guerrillera incorporada a la lucha civil que aparece como favorita en las elecciones de 2009, habrá de revertir esta situación contra natura.

Mucho se viene especulando, en todos los tonos y desde todas las vertientes, sobre cuál será la conducta de Barack Obama sobre el bloqueo a Cuba apenas asuma el gobierno dentro de un mes, el 20 de enero próximo. En tal sentido, se examinan al milímetro sus declaraciones sobre el tema (a menudo contradictorias) efectuadas en Miami ante los numerosos integrantes de la comunidad cubano-norteamericana y otros diferentes auditorios. A mi juicio, lo realmente importante ante el acceso a la Casa Blanca de quien expresó inequívocamente en la campaña electoral su voluntad de cambiar la política de Bush, son las posibilidades más amplias de actuar y presionar, reclamando el fin del bloqueo inaudito extendido durante casi medio siglo, que causa perjuicios inmensos a Cuba, a los propios Estados Unidos y a terceros países, que contraviene todas las normas internacionales y no tiene parangón en el mundo entero. Esto se refiere tanto a la opinión pública continental y mundial, como a la población de EEUU, que ha sabido movilizarse a lo largo de estos años por la causa de la paz y otras demandas justas. En un juego de fuerzas contrapuestas, dicho factor puede desequilibrar la balanza a favor del cese del bloqueo. Sería hoy la mejor forma de expresar la solidaridad activa con Cuba en el 50º aniversario de su revolución victoriosa, que es sin duda el acontecimiento fundamental de la historia de Nuestra América desde las luchas independentistas del siglo XIX porque trajo el amanecer del socialismo a la escala del continente.

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