OPINION INTERNACIONAL

LA PALABRA TAN TEMIDA

Todo comenzó por un artículo de The New York Times que tenemos a la vista y reproduce las conclusiones de un estudio del Comité de Investigación del Ciclo Económico de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER por sus siglas en inglés) divulgado el lunes 1º, según el cual «la economía estadounidense entró en recesión en diciembre de 2007″ y precisa que «para el panel de economistas encargados de estudiar los ciclos económicos, ahora es oficial que la economía de Estados Unidos está en recesión». Los economistas citados por el Times señalan que la actual recesión persistirá hasta mediados del año próximo, por lo que va camino a convertirse en la de mayor extensión desde la Gran Depresión de 1930. La NBER tomó como un elemento fundamental para su diagnóstico el nivel de empleo, que sufrió «una racha ininterrumpida de caídas» desde aquella fecha (diciembre 2007). Las más recientes cifras del Departamento del Trabajo dan cuenta de la pérdida de 1,2 millones de puestos de trabajo desde enero pasado, por lo cual la tasa de desempleo se ubica en 6,5%, el nivel más alto en 14 años.

El periódico agrega que la actividad manufacturera de EEUU cayó a su nivel más bajo en 26 años (desde 1982); que «los consumidores norteamericanos, que por décadas fueron la mayor fuente de crecimiento de la economía, recortaron sus gastos en mayor medida que en cualquier otro período desde el inicio de los 80″; y que «4,5 millones de personas perderán sus viviendas». Concluye que la declaración oficial sobre la recesión «confirma lo que muchos estadounidenses ya estaban sintiendo en sus huesos».

En los comentarios alusivos se repiten los términos de «colapso», «desplome» y que «Wall Street se hunde». Más aún cuando se analiza qué pasó el día señalado con los índices de la Bolsa de Nueva York, caracterizados por una drástica caída luego de cinco sesiones consecutivas en alza: el Dow Jones perdió 7,7%, el Nasdaq 8,95%, el Standard & Poor’s 8,93%. (Adviértase la magnitud de las cifras). Este retroceso arrastró a las bolsas de Europa, de América Latina, también de Asia. En Europa, Frankfort retrocedió al cierre 5,88%, París 5,60%, Londres 5,19%, Milán 6,25%, Madrid 4,49%. Los ministros de Finanzas europeos estaban reunidos ese día para examinar un plan de relanzamiento económico por 200 mil millones de euros, propuesto por la Comisión Europea. En Alemania, con su economía en recesión, las ventas al detalle se redujeron 1,6% en octubre. El banco Bayern LB despidió 5.600 empleados. La bolsa de Toronto, Canadá, perdió más de 9%. En los mercados asiáticos, Tokio cayó 1,35%. Japón sufrió en noviembre una reducción inédita de sus ventas de vehículos nuevos, de 27,7% interanual. O sea, debacle generalizada. Se dijo también que EEUU está exportando desempleo.

El presidente de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, expresó esa noche en Austin, Texas, que se podría reducir el tipo de interés por debajo del 1% actual, e incluso hacerlo descender hasta casi 0%. En cuanto al secretario del Tesoro, Henry Paulson, manifestó esa noche en Washington que debería reexaminarse el uso de los 700 mil millones de dólares del plan de salvataje votado por el Congreso en octubre.

A todo esto, la industria automotriz está al borde del colapso, con pérdidas de decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU y en sus filiales en todo el mundo ­lo que nos toca directamente, así como a nuestro entorno­ y con reducción sensible en la venta de sus unidades. Por ejemplo, la General Motors disminuyó la venta de sus autos en el país en un 50%. Los tres constructores de Detroit ­General Motors, Chrysler y Ford­ solicitaron 25 mil millones de dólares para evitar el colapso, alegando las funestas consecuencias que éste arrojaría sobre la economía del país. El Congreso les respondió que debían elaborar un plan de recuperación. Ahora se presentó Ford por su cuenta, pidiendo 9 mil millones de dólares y prometiendo aplicar nuevas tecnologías para acelerar la producción de vehículos totalmente eléctricos a partir de 2010. Respondiendo a críticas de los congresistas sobre los emolumentos fabulosos que percibían sus ejecutivos, Ford declaró, en el plan, que su presidente ejecutivo, Alan Mulally, percibiría una remuneración anual de 1 dólar. El año pasado cobró 28 millones.

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