Francia. La ex ministra que creó la semana laboral de 35 horas

El PSF tiene una nueva líder

Después de cinco días de divisiones y cruces de acusaciones, Aubry fue declarada ganadora de las elecciones internas del viernes por parte de una comisión de verificación y de las instancias dirigentes del partido.

Aubry tendió inmediatamente la mano a su rival: «Las condiciones en las que el voto tuvo lugar, de forma ajustada, me dejan obligaciones. Mi primer deber será, si ella acepta, reunirme con Segolene», declaró la alcaldesa de Lille (norte) e hija del ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors.

«No hay un bloque contra otro. No hay dos partidos socialistas. Hay un solo partido que quiere vivir conjuntamente y quiere respetar unido sus reglas y sus militantes», afirmó por su parte el primer secretario saliente de la formación, François Hollande.

La designación del nuevo líder del PS, principal partido opositor al presidente conservador, Nicolas Sarkozy, se convirtió en un verdadero melodrama. Después de un congreso celebrado la semana pasada, en el que no se pudo definir una línea política y lograr un consenso para elegir un líder, la palabra la tomaron los 230.000 militantes de la formación convocados a una votación directa. Los resultados iniciales de la segunda vuelta de la votación, el viernes, dieron a Aubry una ventaja de 42 votos sobre Royal, quien sin embargo los tachó de fraude y pidió su verificación.

El martes, la comisión de verificación validó la victoria de la ex ministra de Trabajo y estableció esa distancia en 102 votos.

Pero los partidarios de Royal, que perdió frente a Sarkozy en la segunda vuelta de los comicios presidenciales de mayo de 2007, siguieron sosteniendo que la votación estuvo manchada de irregularidades.

Uno de sus colaboradores, Manuel Valls, estimó que la elección era «una negación de justicia» y repitió su intención de recurrir a los tribunales. «Es la hora de la unidad y la congregación», declaró por su parte Royal, sin reconocer explícitamente la victoria de Aubry. La elección de un nuevo líder estaba llamada a poner fin a meses de guerras de influencia y de maniobras por el control del partido. Pero sólo logró exacerbar las rivalidades.

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