Trágico accidente en submarino nuclear trae contrariedad al gobierno ruso
El accidente -debido a un escape de gas venenoso por la intempestiva activación del sistema antiincendios del submarino durante unas pruebas- llega en un mal momento, pues el presidente ruso, Dimitri Medvedev, debe asistir a finales de noviembre junto con su homólogo venezolano, Hugo Chávez, a maniobras marítimas frente a las costas de Venezuela.
Además, Medvedev pronunció el miércoles, al día siguiente de la elección de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos, su primer discurso a la nación como presidente, centrado en críticas antiestadounidenses.
Y también el anuncio de la instalación de misiles Iskander en la región rusa de Kaliningrado, entre Lituania y Polonia, como respuesta al proyecto del escudo antimisiles que Washington piensa colocar en Polonia y la República Checa.
Tras la catástrofe del Kursk, en 2000 (118 muertos), y los múltiples incidentes sucesivos, lo ocurrido el sábado es «un golpe duro (…) para la industria militar rusa», declaró a la AFP en Moscú Pavel Felgenhauer, un analista especializado en temas de defensa.
Para Felgenhauer lo ocurrido representa un grave daño para ese sector, sobre todo porque el submarino accidentado, de la clase Akula, el más rápido y silencioso de la marina rusa, estaba destinado a ser alquilado con opción a compra a India.
«Por lo que respecta a la opinión pública internacional, hay gente que sabe muy bien que Rusia no se ha fortalecido», subrayó Alexandre Goltz, especialista en temas militares de la revista rusa por Internet Iejednevny Journal.
«Nuestras fuerzas armadas readquirieron en gran parte su potencial de combate pero la dirección militar debe, sin embargo, analizar no sólo los éxitos sino también los fracasos», había declarado el miércoles Medvedev.
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