Electores quieren alcaldes que trabajen por los pobres

En Nicaragua piden que "gane el mejor"

Miles de personas de todas las edades y condiciones sociales se volcaron ayer a las urnas para ejercer su derecho a votar «en libertad» en las elecciones municipales, con la esperanza de que «gane el mejor» y ello suponga un cambio en sus vidas.

Muchos ancianos y amas de casa fueron los más madrugadores en las Juntas Receptoras de Votos (JRV) para elegir a su candidato, en medio de rumores de que la jornada se vería empañada por actos de violencia.

«Ojalá sean elecciones calmas, porque hay temor de violencia», dijo a la AFP, Rosa Martínez, un ama de casa de 58 años del barrio Waspan Sur de la capital, donde la gente hacía largas filas para votar en el centro «El buen pastor».

«Que gane el mejor, un alcalde que trabaje por los pobres», expresó por su lado Francisco López, jubilado de 70 años que se levantó temprano para ir a su JRV, abierta desde las 07.00 (hora local) en el colegio «Douglas Niño».

«Esperamos que todo sea mejor», dijo Katia Altamirano, una menuda madre de 24 años, mientras cargaba a su hija recién nacida, acompañada de su hermana Glenda, con ocho meses de embarazo.

Sin revelar sus preferencias políticas, ambas mujeres manifestaron su deseo de que el alcalde que resulte electo este domingo en Managua, mejore las condiciones de vida de su deprimida comunidad.

«Que gane el que sea mejor», manifestó Florentina Pino de 64 años, quien dice que vive en condiciones de mucha pobreza con su familia de 11 miembros en el barrio Santa Clara, donde abundan las personas de la tercera edad.

Cerca de cuatro millones de nicaragüenses estaban convocados este domingo para elegir a los nuevos alcaldes, vicealcaldes y concejales de 146 municipios para los próximos cuatro años en unas elecciones consideradas como un plebiscito sobre la gestión del presidente Daniel Ortega.

Aunque hay cinco partidos en liza, la batalla la libran el gobernante Frente Sandinista (FSLN-izquierda) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC-derecha).

Unos 120.000 fiscales han sido movilizados por los partidos para vigilar el proceso, ante la ausencia de observadores tradicionales, e impedir los anunciados fraudes.

«Aquí hay una gran confusión», se quejó Cesar Lacayo, de 49 años, quien dijo que el Consejo Supremo Electoral (CSE) cambió de mesa a muchos electores y que a otros no los estaban dejando votar.

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