Gorriarán tendría cáncer
Isidoro Gilbert – Argentina
Fue esta situación la que convenció finalmente a Fernando de la Rúa en los últimos días del año que se fue, a dictar la conmutación de penas para la docena de ayunantes integrantes del Movimiento Todos por la Patria que reclamaban una segunda instancia judicial para el fallo que los condenó a diversas penas, todas graves, por aquel luctuoso suceso donde murieron 11 militares y 18 civiles.
Aunque Gorriarán no fue incluido en la lista de beneficiados (tuvo la chance de la segunda instancia judicial que reclamó para que se cumpliera para el resto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH,), el deterioro acelerado de su salud y el prolongado ayuno, hacía imposible tratarlo mediante quimioterapia. «No se morirá de hambre, sino por el cáncer, y el impacto será terrible en el extranjero», fue el argumento que convenció al presidente.
Pero la abogada del ex jefe del ERP, Marta Fernández, dijo a LA REPUBLICA que «por ahora, los análisis están dando bien y seguirá 40 días en hospital para reponerse y prepararse para una operación de hernia inguinal».
En las próximas semanas algunos de los beneficiados por la reducción de penas comenzarán a gozar de un régimen de salidas laborales o familiares y las autoridades no temen que esa franquicia produzca alguna fuga. De todos modos, el recuerdo de aquel 23 de enero sangriento tendrá ese día de este año una serie de hechos que deberán ser analizados con detenimiento. Habrá en primer lugar una ceremonia especial en Pigüé, provincia de Buenos Aires, actual asiento del regimiento 7 de Infantería que estuvo en La Tablada.
Su actual jefe, el general de brigada Jorge Luis Ismael Zamudio, pedirá, siguiendo los lineamientos del titular del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni, gestos de todos los involucrados en los años de plomo a encontrarse en una Mesa de Diálogo, siguiendo los pasos chilenos en la materia. No es una reflexión novedosa: cuando Brinzoni la postuló solamente encontró rechazos en las organizaciones defensoras de Derechos Humanos. Habrá que escuchar para saber si el general Zamudio avanza en la idea de reconciliación con informaciones sobre los desaparecidos, que el Ejército, al igual que las otras dos armas, sostienen carecer de archivos, afirmación no compartida por los organismos humanitaristas.
Un militar que sobrevivió con graves heridas de aquel episodio de 1989, el teniente Coronel Emilio Guillermo Nani, que exhibe como recuerdo de esa jornada aciaga un parche donde hubo un ojo y cicatrices en su cabeza, irá en procesión cuasi solitaria hasta la Catedral Metropolitana para depositar claveles blancos por cada militar caído, y de color rojo por cada miliciano muerto también, en favor de la «reconciliación».
Fuentes competentes expresaron que así lo comunicó Nani al ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, cuando este trató de convencerlo días atrás que conservara la medalla que le otorgara Raúl Alfonsín por su comportamiento en los hechos de La Tablada. No lo logró, pese a que se le explicó que la conmutación de penas no significó la libertad de los ex integrantes del MTP quienes, además, ya cruzaron la década en prisión y no en las mejores condiciones. Nani está enojado con Alfonsín porque calificó de «valiente» la decisión de De la Rúa de conmutar las condenas.
Dentro de su especificidad y dramaticidad, estos actos del 23 de enero son también el modo en que el Ejército al menos se prepara para afrontar los actos que desde organismos sociales, sindicales y políticos, se preparan para recordar el 25 aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que abrió el camino al terrorismo de Estado. No es improbable que De la Rúa anuncie ese día la publicación el «Nunca Más II», con más informes de desaparecidos, campos de detención, pero sin nombre de militares, que prepara la subsecretaria de Derechos Humanos, Diana Conti, como aporte oficial al trágico día de la historia nacional.
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