Crímenes e intervención armada

os grandes medios de difusión, en especial la CNN, han venido desinformando a este respecto, por acción y por omisión. El 9 de enero denunciamos la «gigantesca mentira de la CNN y de Jorge Gestoso», quien atribuyó a las FARC el asesinato del diputado Diego Turbay y sus acompañantes, sin ningún elemento de juicio y sin mencionar ninguna fuente, por sí y ante sí.

Se demostró que esto era absolutamente falso, transformándose el informativista en un vehículo de la provocación de las fuerzas enemigas de la paz, las mismas que lanzaron sendas campañas calumniosas en ocasión del asesinato con collar-bomba y la masacre de los escolares de Pueblo Rico.

Asesinatos en cadena

No hay forma ya de dejar de lado la cadena impresionante de crímenes cometidos estos días por las bandas paramilitares, cuyo jefe Carlos Castaño fuera recibido recientemente con todos los honores y bajo los flashes por el ministro del Interior, Humberto de la Calle. El martes 16, en el departamento del Cauca, hicieron bajar a todos los pasajeros de un ómnibus y los ametrallaron.

Poco antes, 17 campesinos fueron asesinados en cuatro ataques paramilitares en diversas zonas. El miércoles 17 otros 25 campesinos fueron masacrados en el norteño departamento de Sucre e incendiadas sus casas, «por considerarlos colaboradores de los guerrilleros izquierdistas, con lo que ahora se eleva a 90 el número de víctimas mortales del mes».

Los cables agregan que la ola de violencia es una forma de presionar para que no se reanude el diálogo de paz. Las FARC dijeron en noviembre que no tiene sentido proseguir dicho diálogo hasta que el gobierno no demuestre su voluntad de combatir el paramilitarismo.

Está sucediendo lo contrario. Por ejemplo, el puerto petrolero de Barrancabermeja se ve sacudido por una ola de terror, y allí los paramilitares se pasean impunemente, contando con la complicidad manifiesta del ejército y la policía. A menudo, unos y otros intercambian sus papeles (por ejemplo, en el Putumayo y el Cauca soldados disfrazados con capuchas perpetraron asesinatos y los pusieron a cuenta de los paramilitares).

Fumigaciones destructivas

Los gobernadores de varios departamentos acaban de expresar su oposición frontal a las fumigaciones indiscriminadas que se practican mediante helicópteros en una amplia zona amazónica. Señalaron que las mismas destruyen también cultivos lícitos, de uso industrial, y afectan la vida de personas y animales.

Uno de sus reclamos centrales es que se proceda a fumigaciones circunscritas, y en forma manual, descartando el uso de helicópteros.

A la misma conclusión se había arribado en las jornadas de discusión realizadas en la zona de distensión por iniciativa de las FARC y con amplia representación. Allí se destacó el peligro de devastación de la Amazonia, lo que también generó enorme aprensión en los países vecinos.

No obstante, el gobierno prosigue con las fumigaciones indiscriminadas y en vastísima escala, que forman parte sustancial del Plan Colombia.

Intervención militar y diálogo de paz

Según un estudio del Latin American Working Group (LAWG), con sede en Washington, EEUU entrenó entre 13 y 15 mil soldados y policías latinoamericanos, cifra superior a la de todas las demás zonas del mundo sumadas y «esa tendencia va a aumentar a causa del Plan Colombia». Estiman que más de 55.000 miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos viajaron a América Latina y el Caribe para tareas de entrenamiento y coordinación en 1999, tendencia que se incrementó en 2000.

La región andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) concentró el 56% de la asistencia militar, guarismo que se incrementará sustancialmente con los 1.300 millones de dólares del Plan Colombia.

No hay dudas de que esto es lo que está frustrando el diálogo de paz. El viernes 12 el comisionado del gobierno para la paz, Camilo Gómez, anunció que las conversaciones se iniciarían con el ELN y se reanudarían con las FARC, lo que hasta ahora no se concretó.

En señal de buena voluntad, las FARC anunciaron su disposición de liberar una parte de los 450 militares y policías capturados en combate. Hace tiempo habían propuesto al gobierno impulsar una ley para intercambio de prisioneros de uno y otro bando, pero no tuvieron respuesta. La guerrilla permitió también las visitas de los familiares al personal militar en su poder.

En el informe del LAWG se dice que «fuera de la OTAN, solamente Corea del Sur recibió más entrenamiento militar que Colombia». Es interesante. Días pasados se difundieron los resultados de una investigación en el ejército de EEUU sobre una masacre de 248 civiles sudcoreanos perpetrada por sus tropas en la última semana de julio de 1950. El informe expresa que nos se ha podido averiguar –¡en estos 50 años!– si se dio o no orden de disparar.

Por tanto, no hay castigo para nadie. Clinton propuso erigir un monumento a los muertos y distribuir becas entre los sudcoreanos.

Santa Fe IV

La cuarta versión del documento de Santa Fe, elaborado por la Heritage Foundation con destino al presidente entrante, sostiene la aplicación integral de la Doctrina Monroe y fulmina a los presidentes demócratas Carter y Clinton.

Además de promover la recuperación de las bases en el Canal de Panamá, la vigencia irrestricta de los tratados militares y del Comando Sur, su planteo central está dirigido contra las FARC.

Condena a Pastrana porque «en vez de establecer una guerra incondicional ha elegido mantener conversaciones de paz» y porque se negó a ubicar a las FARC en la categoría de «narcoguerrilla». Afirma: «Si EEUU fuera serio acerca de la lucha contra las drogas proveería los recursos y fondos necesarios, usando métodos especiales que están disponibles para el gobierno».

Y concluye en tono perentorio. «Estados Unidos debe poner un punto final a una prolongada guerra viciosa». De aquí a la intervención armada no hay más que un paso.

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